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Un vistazo a la iglesia de Corinto

(Léase 1 Corintios 1:10-17 y 1 Corintios 3:1-8)

¿Debe el creyente procurar hablar en lenguas hoy día? ¿Debe seguir el ejemplo de un ministro que, según se dice, pasaba veinte minutos cada día tratando de alcanzar esta experiencia, presumiblemente para tener una vida espiritual más profunda?

Además del libro de los Hechos hay otro pasaje importante que tiene que ver con las lenguas en el Nuevo Testamento: 1 Corintios 12-14. De ese pasaje tan importante surgen muchas interrogantes y dificultades, pero es preciso primero dar un vistazo a la iglesia de Corinto para comprender el ambiente de estas dificultades.

Desgraciadamente esta es un área descuidada por mucho tiempo al considerar el movimiento modemo de lenguas. Decir simplemente que "la iglesia de Corinto era problemática para Pablo" no produce el debido impacto. Así es que, antes de estudiar 1 Corintios 12-14, se debe echar un vistazo al ambiente de la ciudad de Corinto y a la iglesia local que estaba allí.

LA CIUDAD Y SU DESCRIPCIÓN

Ubicación. La cuidad de Corinto estaba situada en el sur de Grecia, en un istmo entre los golfos de Lepanto y Aegina, conectando el Peloponeso y la tierra firme, a unos 64 kilómetros al oeste de Atenas.

Tenía dos puertos (algunos afirman que tenía tres), Cencrea al este y Lechaeum al oeste, dominando de este modo el tráfico de los dos mares, el occidental y el oriental. (1) Ahora hay un canal para barcos que une estos puertos. Corinto proveía la conexión del oriente y el occidente y también entre el norte y el sur debido a su conexión de la tierra firme con el Peloponeso. Su fortaleza, llamada Acrocorinto, estaba construida sobre las rocas 614 metros sobre el nivel del mar.

Historia. Descubrimientos arqueológicos han encontrado mucho de la ciudad de los días de Pablo. De hecho, la American School of Classical Studies (Escuela Americana de Estudios Clásicos) ha excavado a Corinto por treinta años. (2) Hay un Corinto moderno, pero no existe más que un pueblecito llamado Gortho entre las ruinas antiguas.

Los fenicios se radicaron en Corinto muy temprano, dejando rastros de su civilización en el arte de teñir y tejer, así como en la religión y la mitología. (3) Las sectas corintias de Afrodita y del Fenique ateniense, las dos de origen Fenicio, existían allí; así es que las deidades paganas eran prominentes.(4)

La diosa Afrodita era el nombre griego de la diosa que los romanos adoraban como Venus, la diosa de la lujuria y el amor camal. Para celebrar los ritos de Afrodita los corintios se entregaban a la disolución más vergonzosa. (5)

Tan escandalosa era la inmoralidad corintia que por todas partes del mundo de habla griega, si los hombres y las mujeres se comportaban de una manera obscena, lo peor que se les podía decir era que se portaban como los corintios. Corinto era la ciudad del vicio insuperado en el mundo romano.

Corinto era la capital de la provincia de Acaya, una ciudad sobresaliente de Grecia, cuya población era de unas 700.000 personas en el tiempo de Pablo. (6) Su población era mixta, romanos, griegos y judíos. (7)

Sus artes y arquitectura tenían mucha fama, también su espíritu comercial y materialista. Alguien dijo: "Corinto era un centro comercial, religioso, cultural y también de vicio, una ciudad que representa en miniatura la civilización de la que nosotros formamos parte ahora. (8) Los juegos istmeños se celebraban a dieciseis kilómetros de la ciudad cada cuatro años. (9)

Corinto fue destruida por los romanos en el año 146 a.C.; luego fue reconstruida por Julio César en el año 46 a.C. (10) El apóstol Pablo la visitó cien años más tarde. Era acaudalada, cosmopolita e inmoral. Se nos recuerda en parte esa opulencia cuando Pablo hace mención del oro, la plata y las piedras preciosas en el capítulo 3 de su primera epístola.

La iglesia y su formación

La iglesia de Corinto nació del ministerio del Espíritu Santo a través del apóstol Pablo, Silas y Timoteo en el segundo viaje misionero (Hch. 18:1-5).

A medida que la iglesia crecía en la gran metrópoli, afluían muchos judíos a este centro de comercio. Aquila y Priscila, en su ocupación de vendedores de tiendas, se encontraban entre estos judíos. Dice el versículo 2 de Hechos 18: "Y halló [Pablo] a un judío llamado Aquila, natural del Ponto, recién venido de Italia con Priscila su mujer, por cuanto Claudio había mandado que todos los judíos saliesen de Roma."

Hechos 18:5, 8a menciona a otros: "Y cuando Silas y Timoteo vinieron de Macedonia, Pablo estaba entregado por entero a la predicación de la palabra, testificando a los judíos que Jesús era el Cristo.... Y Crispo, el principal de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su casa...." La presencia de estos judíos establece un punto muy importante con referencia al propósito de hablar en lenguas en Corinto.

Allí se quedó Pablo unos dos años, predicando, enseñando y organizando la iglesia. Puesto que muchos de los judíos volvieron la espalda en blasfemia e incredulidad, Pablo se volvió a los gentiles. "Pero oponiéndose y blasfemando éstos, les dijo, sacudiéndose los vestidos: Vuestra sangre sea sobre vuestra propia cabeza; yo, limpio; desde ahora me iré a los gentiles" (Hch. 18:6).

La iglesia que estaba en Corinto representaba un sector muy diversificado de los ciudadanos de la ciudad, abarcando varones y mujeres, judíos y gentiles, esclavos y amos. Sin embargo, por causa de la incredulidad de los judíos la iglesia de Corinto no constaba principalmente de judíos. Incluía a Justo (v. 7), y "muchos de los corintios, oyendo creían y eran bautizados" (v. 8). El Señor le dijo a Pablo: "... yo tengo mucho pueblo en esta ciudad" (v. 10).

Hechos 20 habla de la inquietud prolongada de Pablo por los creyentes cuando regresó a Corinto en su tercer viaje misionero. "... llegó a Grecia. Después de haber estado allí tres meses...." (v. 2b-3a). Pablo escribió su Primera Epístola a los Corintios en el año 59 d.C., al final de sus tres años de residencia en Efeso.

Después de haber dado un vistazo a la ciudad de Corinto y a la formación de la iglesia allí, volvamos a examinar aquella iglesia.

Un examen de la iglesia

Las Escrituras revelan la maravillosa posición de la iglesia de Corinto en Cristo Jesús. Esta era una verdadera asamblea local: "A la iglesia de Dios que está en Corinto..." (1:2). Eran "santificados" o apartados en Cristo Jesús. De veras eran cristianos y eran "llamados a ser santos" (v. 2).

Hablando de ellos, el versículo 5 asevera que "fuisteis enriquecidos en él, en toda palabra". Eso tiene que ver con la expresión externa. Compárese con 2 Corintios 8:7: "Por tanto, como en todo abundáis, en fe, en palabra, en ciencia, en toda solicitud, y en vuestro amor para con nosotros, abundad también en esta gracia." Es posible que esta sea una referencia indirecta a las lenguas. También habían sido enriquecidos "en toda ciencia"(v. 5), lo que tiene que ver con la convicción interior.

El versículo 7 indica que los corintios estaban "esperando la manifestación de nuestro Señor Jesucristo". Tenían una maravillosa posición en Cristo. ¡Habían recibido mucho! "... la gracia de Dios que os fue dada en Cristo Jesús" (v. 4). Y "... nada os falta en ningún don..." (v. 7). Sin embargo, no todo estaba bien espiritualmente en la iglesia de Corinto.Habían ciertos problemas específicos. La iglesia de Corinto no era una iglesia espiritual. En efecto, de todas las iglesias en el Nuevo Testamento, la de Corinto fue la iglesia más problemática para el apóstol Pablo.

Otras ciudades también habían sido perjudicadas por mala reputación. Hay que pensar en Efeso y los pecados relacionados con la diosa Diana allí. Aunque en Apocalipsis 2 el Señor dijo más tarde que los efesios habían perdido su primer amor, el nivel espiritual de los creyentes de allí era mucho más alto que el de la iglesia de Corinto. La Epístola de Pablo a los Efesios contiene la verdad más profunda sobre la iglesia de todas sus epístolas. Solamente una iglesia verdaderamente espiritual podía recibir tal enseñanza. Aunque el ambiente es importante en la vida de una iglesia tanto como en la de una persona, y se puede reflejar en el futuro, la obra permanente de Cristo en el corazón desde el momento de la salvación es lo que realmente importa para el testimonio efectivo y la gloria de Dios. Desgraciadamente, la iglesia de Corinto no era una iglesia espiritual.

Divisiones en la iglesia. Uno de los mayores síntomas de la inmadurez espiritual de los creyentes de Corinto eran sus divisiones. "Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis peifectamente unidos en una misma mente y en un mismo parece" (1:10). Pablo expresó esta exhortación por causa de las divisiones que existían dentro de la iglesia. Compárese con 1 Corintios 11:18-19: "Pues en primer lugar, cuando os reunís como iglesia, oigo que hay entre vosotros divisiones; y en parte lo creo. Porque es preciso que entre vosotros haya disensiones, para que se hagan manifiestos entre vosotros los que son aprobados."

Había contenciones entre ellos. "Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos míos, por los de Cloé, que hay entre vosotros contiendas" (1:11). La palabra traducida por "contención" en griego, eris, quiere decir "rencilla, riña, contención". Se usa otra vez en 3:3 y es traducida por "contiendas".

La preocupación de Pablo por esta condición divisiva y no espiritual de los corintios seguía en su segunda epístola. "Pues me temo que cuando llegue, no os halle tales como quiero, y yo sea hallado de vosotros cual no queréis; que haya entre vosotros contiendas, envidias, iras, divisiones, maledicencias, murmuraciones, soberbias, desórdenes; que cuando vuelva, me humille Dios entre vosotros, y quizá tenga que llorar por muchos de los que antes han pecado, y no se han arrepentido de la inmundicia y fornicación y lascivia que han cometido" (2 Co. 12:20-21).

Este espíritu de división encontró su punto de enfoque en seguir a líderes humanos. "Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas [Pedro]; y yo de Cristo" (1 Co. 1:l2). Los corintios estaban divididos entre si por las personalidades. ¿Hemos oído algo así alguna vez en las iglesias modernas? Una iglesia se arruina cuando los miembros quitan los ojos del Señor Jesucristo y miran a los hombres.

Cuando Clemente de Roma escribió una carta a la iglesia de Corinto en el año 97 d.C., treinta y ocho años más tarde, trató con el mismo problema: las divisiones. ¡Esto es falta de madurez!

Pablo se aseguró de que los corintios comprendieran el enlace de la inmadurez con la división al comparar las dos cosas lado a lado en 1 Corintios 3:1-9. Afiman los primeros cuatro versículos: "De manera que yo, hermanos, no pude hablams como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Os di a beber leche, y no vianda; porque aún no erais capaces, ni sois capaces todavía, porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois camales, y andáis como hombres? Porque diciendo el uno: Yo ciertamente soy de Pablo; y el otro: Yo soy de Apolos, ¿no sois carnales?" Si se ven divisiones se sabe que hay camalidad.

Hay un tiempo y un lugar para la división. En 1 Corintios 10:20-21 se ordena a la iglesia que no tenga comunión espiritual con los que adoran a los demonios. En 2 Corintios 6:14-17 se exige a los creyentes que eviten la injusticia, las tinieblas, la impureza, los ídolos y la contaminación. Sin embargo, como observa Gardiner, "nada se dice de la separación de los hennanos en tomo a diferentes personas. ¡Tal división es inmadurez! (11)

Es importante observar que, hoy día, dondequiera que se introduzca el hablar en lenguas en una congregación que no tiene esa orientación, habrá también una división intensa. El asunto probablemente dividirá la congregación.

Asevera Joseph Dillow un hecho poco reconocido: "Un estadillo de manifestaciones carismáticas por poco destruyó el impacto de la Reforma, e hizo que Lutero hablara claro en contra de tales cosas. (12)

Posiblemente las divisiones en la iglesia moderna no tengan su base en las personalidades, pero pueden surgir sobre la cuestión de hablar en lenguas o no.

¿Por qué es que hay algunos que escogen el camino de poner la unidad del cuerpo en segundo lugar y pasan por alto a nuestro Señor Jesucristo como cabeza de aquel cuerpo, todo por enfatizar un don inferior, el hablar en lenguas? Ese don es el último en la lista ordenada de los dones espirituales en 1 Corintios 12:28, pero en muchas partes se ha puesto como el primero.

¿Pudiéramos concluir diciendo que cualquier cosa que divida a los creyentes no es del Espírutu Santo (asumiendo, por supuesto, que los hermanos desean conocer la voluntad de Dios)? Es menester observar que la única iglesia que seguía la préctica de hablar en lenguas era una iglesia carnal, dividida.

Pablo tenía la solución a este problema de las divisiones. La respuesta no era el bautismo en agua, aunque por lo visto los corintios seguían al líder que los había bautizado. "Porque no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio" (1:17). La solución consiste en predicar el evangelio. Predicar la cruz de Cristo. Ponerlo a El primero y la razón por la cual vino y lo que puede hacer por los pecadores y por los santos.

En 1 Corintios 3 Pablo hace hincapié en la unidad del cuerpo de Cristo. Esto es vital. El que plantó (Pablo) y el que regó (Apolos) son uno, ¡pero es Dios que da el crecimiento!

¡La respuesta que Pablo presenta es en parte el evangelio y la unidad del cuerpo sometido a Dios que es el único digno de gloria!

Un vistazo a los antecedentes de Corinto y a la formación de la iglesia alli nos ayuda a comprender su condición carnal y el primer síntoma principal de su inmadurez espiritual, que fue la división. El siguiente capítulo revela més síntomas de inmadurez espiritual.