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El robo de identidad

El robo de identidad es la apropiación de la filiación de una persona: hacerse pasar por ella, asumir su identificación ante otros en público o en privado, en general para acceder a ciertos recursos, o la obtención de créditos y otros beneficios en nombre de esa persona.  Por otro lado, el robo de identidad también se utiliza con el fin de perjudicar a la persona, es decir, difamando o manchando su nombre con diversos fines que el criminal busque.

El caso más común hoy en día se da, cuando un atacante por medios informáticos, obtiene su información personal y la utiliza ilegalmente.  Este robo, es el delito de más rápido crecimiento en el mundo.  Hasta no hace mucho tiempo, cuando un ladrón hurtaba una billetera o un porta documentos, el dinero era lo único que pretendía.  Con el tiempo, los datos de los documentos de identidad, como por ejemplo las tarjetas de crédito, de débito, los cheques y cualquier otro documento con los datos personales se han vuelto muy importantes.

Todos hemos oído hablar de esto, y muchos lo han experimentado de primera mano.  Es un crimen en el cual el ladrón pretender ser usted.  Hackea sus cuentas de tarjetas de crédito y hace estragos, a menudo robándole el dinero en sus propias narices, copando su crédito y vaciando sus ahorros.  Es un problema grave, especialmente en nuestra economía digital.  En el año 2015, aproximadamente 16 millones 600 mil estadounidenses experimentaron al menos un incidente de robo de identidad.  Las pérdidas financieras para ese año fue de un asombroso $ 24.700 millones de dólares.  Sin embargo, hay otra forma de robo de identidad de la cual la gran mayoría de personas no están conscientes, se trata del robo de identidad espiritual.  Otro nombre para esto es supersesionismo, o teología de reemplazo.
Es un robo llevado a cabo por quienes profesan ser cristianos, quienes se apropiaron indebidamente de la identidad de Israel y tomaron propiedad exclusiva de las promesas que Dios le hizo a los descendientes de Abraham, Isaac Jacob. Bruce Waltke, un erudito anglicano graduado en Harvard y escritor prolífico, define el supersesionismo en forma resumida, pero honesta.  Dice que significa que “La nación de Israel y su ley han sido sustituidos permanentemente por la Iglesia y el Nuevo Pacto”.

Los teólogos de remplazo basan su argumento, principalmente al redefinir el término Israel en el Nuevo Testamento, particularmente en Gálatas 6:16, asegurando que se refiere a la Iglesia.  Sin embargo, la palabra “Israel” aparece 75 veces en el Nuevo Testamento, y en cada caso, excepto en uno, los términos “Israel” e “Iglesia” no puede ser intercambiados porque de hacerlo reduciría el pasaje bíblico a un completo absurdo.

Cuando leemos en el Nuevo Testamento “iglesia”, eso es exactamente lo que significa: el cuerpo colectivo de los creyentes en el Nuevo Testamento.   Y cuando dice “Israel”, es el Israel étnico: los descendientes físicos de Abraham, Isaac y Jacob.  El testimonio consistente de la Palabra de Dios es que “Israel” se refiere al pueblo de Israel.

La única excepción es Gálatas 6:16.  Casi universalmente los comentaristas norteamericanos cristianos a lo largo de los años, han dicho que esto se refiere a la Iglesia, el Nuevo Israel.  Wallie Amos Criswell, quien fuera pastor por más de medio siglo, de la Primera Iglesia Bautista de Dallas, uno de los más respetables académicos de Estados Unidos, asimismo presidente de la Convención Bautista del Sur con un doctorado en teología, sentía un amor profundo y duradero por Israel y el pueblo judío.  Y nunca creyó que la Iglesia había reemplazado a Israel, pero admitía que por años tuvo problemas con Gálatas 6:16. Ya que aparentemente dejaba la puerta abierta para la teología del reemplazo, y deseaba saber por qué.

Estaba convencido que todo lo demás en la Biblia era convincente y coherente, con excepción de este único texto.  Sin embargo, es muy fácil encontrar una explicación para este versículo aparentemente enigmático.

Primero, vamos a ir al texto en sí para hablar sobre él.  Llama la atención el hecho que tantas personas tomen el nombre de Israel, que en todo el Nuevo Testamento significa uniformemente Israel étnico, para cambiarlo abruptamente en una definición diferente, es decir la Iglesia del Nuevo Testamento.

Pero leamos lo que dice Gálatas 6: 16.   Esto es lo que el Apóstol Pablo dice en este versículo tan discutido: “Y a todos los que anden conforme a esta regla, paz y misericordia sea a ellos, y al Israel de Dios”.  Son sólo 17 palabras en el texto original griego, pero las mismas han captado la atención de los teólogos desde los primeros días de la iglesia.

Para los supersesionistas, la Iglesia es el Nuevo Israel, el nuevo pueblo de Israel o el “Israel de Dios”.  Ellos dicen que el Israel antiguo, el étnico se desvaneció permanentemente en el olvido, porque sus representantes nacionales, que integraban el Sanedrín rechazaron al Mesías en el primer siglo, tal como leemos en Mateo 26:65-66: “Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo: ¡Ha blasfemado! ¿Qué más necesidad tenemos de testigos? He aquí, ahora mismo habéis oído su blasfemia. ¿Qué os parece? Y respondiendo ellos, dijeron: ¡Es reo de muerte!”.

Pero...  ¿era eso realmente lo que Pablo tenía en mente cuando usó el término “Israel de Dios”?  Creemos que lo correcto sería comparar Escritura con Escritura, sin embargo esto no nos ayuda aquí, porque no hay otros pasajes para compararlos. El “Israel de Dios” es una expresión única, y el solo lugar en la Biblia donde aparece es en Gálatas 6:16.  Por lo tanto, ¿quién es exactamente este “ Israel de Dios”?  Bueno, veamos si es posible hacer algún trabajo de detective y descubrir la respuesta a esta pregunta.

La regla de Pablo

Como nos disponemos a llevar cabo la labor de un detective, comencemos examinando la situación. ¿Qué es lo que dice el versículo respecto “al Israel de Dios”?  De acuerdo con el idioma original en que fue escrito, dice que quienes quiera que ellos sean, disfruten “paz y misericordia” o “compasión” porque caminan en conformidad con cierta “regla” con los creyentes en Galacia.

Lo siguiente es, ¿cuál era esta “regla” o canon que ellos observaban tan escrupulosamente?  Cada vez que encontramos una palabra desconcertante o frase en la Escritura y no podemos averiguar lo qué significa, la solución por lo general se encuentra en algún lugar cercano al pasaje mismo.  De hecho, el pronombre demostrativo “esta”, tal como “esta regla”, indica que es algo que Pablo acabó de mencionar.   Por lo tanto, ¿cuál fue la regla que el apóstol estableció justo antes del versículo 16?  Aquí está: “Porque ni aun los mismos que se circuncidan guardan la ley; pero quieren que vosotros os circuncidéis, para gloriarse en vuestra carne.  Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo.  Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino una nueva creación. Y a todos los que anden conforme a esta regla, paz y misericordia sea a ellos, y al Israel de Dios” (Gálatas 6:13–16).
La regla entonces, es que no necesitamos gloriarnos o confiar en nada, excepto en la obra consumada por el Señor Jesucristo en el Calvario.  No hay nada más que tengamos que hacer para suplir lo que Él hizo allí.  Mediante los méritos de su sacrificio, imputado a nosotros cuando depositamos nuestra fe en Él, cada cristiano se convierte en una “nueva creación”, incluso esos judíos que creían que tenían que circuncidarse primero para poder ser salvos.  En Él tenemos nueva vida, nuevas prioridades, nuevos propósitos, una nueva naturaleza y una nueva relación vital con nuestro Creador - ¡y todo lo hizo Él solo!  Escribiéndole a otras iglesia, Pablo dijo: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17).

Fariseos Mesiánicos

En Galacia evidentemente había judíos fariseos que creían que Jesús era el Mesías, pero quienes no consideraban que tener fe en Él era suficiente por sí mismo. La formación jurídica en el judaísmo estaba colmada de reglas y observaciones tradicionales y culturales dadas en el Tora, lo que hacía más difícil para ellos aceptar la validez de la salvación por gracia, sólo mediante la fe.   Por la razón que fuera, consideraban la circuncisión como un requisito indispensable.  Así que si un gentil en Galacia quería convertirse en un creyente en el Señor Jesucristo, estos fariseos mesiánicos lo querían someter de inmediato a una conversión en el judaísmo y circuncidarlo.

Incluso hoy, dos mil años después, todavía persiste este problema de querer añadirle requisitos a la salvación, además de la fe en el Señor Jesucristo.  Muchos que profesan ser cristianos le añaden requisitos a la obra Mesiánica de Redención, tal como el ser miembro de una iglesia, el bautismo, la confirmación, ir a misa, y demás supuestos sacramentos, las emociones, el vivir una vida moral y quién sabe cuántas cosas más.

Cuando decimos que la salvación es sólo por gracia, sin obras de ninguna clase, ellos consideran que nuestro punto de vista es minimalista.   El minimalismo, es la tendencia a reducir las cosas a lo esencial, despojándolas de los elementos sobrantes, en otras palabras que hacemos de la salvación algo demasiado fácil.  Para ellos, seguramente hay algo que podemos y debemos hacer para ganar el favor de Dios, ¡aunque sea sólo un poquito!  Esa tal vez es su forma de pensar, pero por desgracia y por simple que parezca, ¡no hay nada que podamos hacer!   Tal como dice un antiguo himno:

¿Qué me puede dar perdón?
Solo de Jesús la sangre.
¿Y un nuevo corazón?
Solo de Jesús la sangre.

Precioso es el raudal,
que limpia todo mal;
No hay otro manantial,
solo de Jesús la sangre.

Fue el rescate eficaz,
Solo de Jesús la sangre;
Trajo santidad y paz,
Solo de Jesús la sangre.

Cuando el Señor Jesucristo murió sobre la Cruz hace dos mil años, concluyó para siempre la obra de redención, tal como declara Juan 19:30:  “Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu”.  Él lo hizo todo; no hay nada que podemos aportar que no sea simplemente aceptarlo por fe.

Ahora continuemos examinando si este “Israel de Dios” que se menciona en Gálatas 6:16, se refiere al Israel étnico, o a la iglesia como aseguran los teólogos del remplazo.  Esta confusión se originó debido a las diversas traducciones de la Biblia, muchas de las cuales omiten la letra “y”, la cual sí aparece en nuestra Versión Reina Valera, donde leemos: “Y a todos los que anden conforme a esta regla, paz y misericordia sea a ellos, y al Israel de Dios” (Gálatas 6:16).

Aquí, en este versículo específico, el término “Israel de Dios” denota a los descendientes físicos de Abraham, Isaac y Jacob, que son seguidores de Jesús, siendo la Iglesia una especie de subconjunto de este “Israel mayor”.  Por lo tanto el texto en general debería leerse así: “Y a todos los que anden conforme a esta regla, a saber los gentiles en Galacia, paz y misericordia sea a ellos, y también al Israel de Dios” .

Siempre ha habido un remanente de creyentes entre el pueblo de Israel,  entre el pueblo terrenal de Dios, un “Israel de Dios”.  Tal como leemos en 1 Reyes 19:18: “Y yo haré que queden en Israel siete mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal, y cuyas bocas no lo besaron”.  Luego es obvio que en este versículo se incluye a la Iglesia y al pueblo terrenal de Israel.

Como ya hemos repetido hasta el cansancio, es ilógico tomar un solo versículo de la Biblia para construir una doctrina con eso.  De ninguna manera Gálatas 6:16, es la prueba definitiva, como muchos dicen, de que la Iglesia reemplazó a Israel, porque tanto Israel como la Iglesia ocupan un lugar especial en el plan de Dios para las edades.

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