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Una pluma de escribir en las manos de Dios

         Richard Baxter nació en Rowton, Shropshire, Inglaterra, en 1615.  Su padre recibió a Jesucristo como su Señor y Salvador, aproximadamente en el tiempo de su nacimiento, y él siguió la fe de su progenitor.  Era un experto en libros de teología mientras todavía era un adolescente, y fue  ordenado como ministro anglicano en 1638.

 

         Además de ser un intelectual dotado, también tenía un corazón de pastor para las almas, lo cual lo llevó a motivar la completa conversión de su congregación de unos seiscientos miembros y la verdadera transformación social del propio pueblo donde residía.  Un domingo, comentó en su iglesia: “Usted puede escuchar a cientos de familias cantando salmos y repitiendo sermones mientras va caminando”.

         Su apasionada y elocuente predicación era tan popular que tuvieron que añadirle galerías a su iglesia para acomodar a todos esos que llegaban a escucharlo.  La congregación a cambio, impactó a la comunidad como un todo.  Según decía Baxter, “Día y noche ellos estaban sedientos por la salvación de sus vecinos”.

         Fue después de sus años en el ejército, que comenzó a escribir.  Fue autor de más de ciento sesenta libros, incluyendo una paráfrasis del Nuevo Testamento, una versión métrica de los Salmos y dos volúmenes de poesía.  Su libro El descanso eterno de los Santos, se encontraba entre los más ampliamente leídos en inglés en el siglo diecisiete.

         Tenía un corazón como el de Cristo para la unidad de los cristianos, y sus esfuerzos por unir las iglesias protestantes en esas verdades esenciales en el Evangelio tuvieron éxito.  Fundó la “Asociación Worcester” para ministros protestantes, y cristianos de diversas denominaciones adoraban juntos regularmente en su iglesia Kidderminster.

         Propuso una tregua teológica entre los calvinistas y los arminianos, las dos corrientes doctrinales de su día.  Fue Richard Baxter quien popularizó el dicho: “En lo esencial la unidad; en lo no esencial la libertad, y en ambos el amor”.

         Pero un hombre que busca atraer a las personas a menudo es incomprendido e incluso odiado, por esos que tratan de silenciarlo.  Como un puritano dentro de la iglesia de Inglaterra, encontró problemas entre la jerarquía anglicana cuando Carlos Segundo ocupó el trono y lo convirtió en uno de sus capellanes.  El Acta de Uniformidad de 1662 requería que todos los ministros aceptaran de consentimiento sincero el libro de oraciones anglicano.  Esto causó la Gran Expulsión de dos mil pastores puritanos de sus iglesias, incluyendo a Richard Baxter.

         En 1685 bajo el rey Jacobo Segundo fue acusado falsamente de difamar la iglesia, multado con una gran suma de dinero y puesto en prisión por seis meses.  Cuando fue dejado en libertad, aunque era un hombre de setenta años y enfermo, continuó predicando con el mismo ardor.

         Siempre había exhortado como si no estuviera seguro de volver a hacerlo jamás, y como un hombre a punto de morir que le habla a hombres agonizantes.  Fue así como pronunció su último sermón con el mismo fuego compasivo del primero.  Tras completar su prédica, el envejecido pastor con cansancio realizó su viaje de regreso  a casa para acostarse de inmediato.  Allí, en compañía de amigos muy queridos, pasó sus horas finales.  Y le susurró a sus compañeros que permanecían al lado de su cama: “Bendigo a Dios por tener una seguridad bien fundada de mi gozo eterno, y una gran paz y felicidad dentro de mí”.

         Cuando sus amigos le recordaron el estímulo, aliento y consuelo que habían sido sus libros para otros, replicó con humildad: “Fui una pluma de escribir en las manos de Dios. ¿Qué alabanza merece una pluma?”.

         En una ocasión escribió: “Nuestras vidas son... como una vela en una linterna rota, que con un soplo de viento pueden apagarse de súbito”.  La vela de Richard Baxter ardió con mucho brillo hasta el 8 de diciembre de 1691, cuando el dulce aliento de Dios apagó su luz temporal y entró en su descanso eterno.

Reflexión

         ¿Como evalúa la máxima: “En lo esencial la unidad; en lo no esencial la libertad, y en ambos el amor”.   ¿Cómo decide usted lo que es esencial y lo que no es?

         “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4:11-13).