Menu

Escuche Radio América

Un pecador salvado por gracia

         John Newton pasó los primeros años de su vida en el mar.  Hijo del comandante de un barco mercante, cadete de la marina Británica, y amo de un barco de esclavos, a la edad de veintitrés años conocía las aguas mejor que nadie.

 

         El Señor usó una gran tormenta en el mar, como un faro para penetrar en las tinieblas que habían caracterizado los primeros años de su existencia.  A partir de ese punto, pasó su vida en el servicio de Dios, convirtiéndose finalmente en un clérigo presbiteriano y autor de muchos himnos incluyendo “Gracia admirable”.

         El último año que vivió fue análogo a la puesta del sol.  Gradualmente estaba perdiendo el oído y la visión y ya no podía reconocer a algunos de sus amigos más íntimos.  Declinó hasta el punto que no podía caminar sin ayuda.

         En los meses finales, Newton se mantuvo asido a las verdades que había pasado años predicando desde el púlpito y trasmitiendo en sus escritos.  En su último mes, resumió así la suficiencia de la decadencia de sus facultades mentales.  Escribió: “He perdido casi toda mi memoria, pero recuerdo dos cosas: Que soy un gran pecador, y que Cristo es un gran Salvador”.

         A pesar de su deterioro físico, fue capaz de describir la proximidad del fin de su vida terrenal con gran percepción y anticipación.  Dijo: “Soy como una persona que va en una jornada en una diligencia, quien espera llegar en una hora y está frecuentemente mirando a través de la ventana para ver si ha llegado a su destino”.  En otra conversación declaró: “Es una gran cosa morir y cuando la carne y el corazón fallen, tener a Dios como la fortaleza de nuestro corazón, y nuestra porción para siempre.  Sé en quien he creído, y sé que es capaz de guardarme hasta ese gran día.  De allí en adelante me espera la corona de justicia, la cual Dios, el Juez Justo, me otorgará”.

         El miércoles antes de su muerte, cuando alguien le preguntó cómo se sentía, replicó: “Estoy satisfecho con la voluntad del Señor”

         La puesta de sol final de Newton tuvo lugar el 21 de diciembre de 1807, cuando murió a la edad de ochenta y tres años.  Fue sepultado al lado de su esposa Mary Woolnoth, y su sobrina la señorita Eliza Cunningham.

         Escribió su propio epitafio, el cual fue grabado sobre una placa lisa de mármol y colocado en la iglesia, decía:

JOHN NEWTON

Clérigo,
Antes un Infiel y Libertino,
Fue un siervo de esclavos en África,
Pero por la misericordia de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
Fue preservado, restaurado y perdonado.
Y señalado para predicar la Fe que
Por tanto tiempo había estado destruyendo.
Ministró cerca de cincuenta y seis años, como un vicario
De Olney en Bucks,
Y veintiocho años como rector
De esas parroquias unidas.
En febrero de 1750 contrajo matrimonio con Mary,
Hija del finado George Catlett,
De Chatman, Kent,
Quien se la entregó
Al Señor que se la dio,
El 15 de diciembre de 1790.

Reflexión

         Cuando la memoria de John Newton comenzó a fallarle en su ancianidad, dos pensamientos permanecieron como el fundamento de su fe: que era un gran pecador y que Jesús era un gran Salvador. ¿Qué pensamientos desea que caractericen el fin de su vida?

         “Como también David habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras, diciendo: Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, Y cuyos pecados son cubiertos.  Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado” (Romanos 4:6-8).