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Cronología de la tribulación

La edad de la iglesia comenzó el día de Pentecostés hace unos dos mil años y llegará a su conclusión cuando tenga lugar el Rapto.  Será entonces cuando tendrán cumplimiento las palabras del apóstol Pablo: “Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.  Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él.  Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron.  Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.  Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.  Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras” (1 Tesalonicenses 4:13–18).  Este pasaje, junto con 1 Corintios 15:51-58, anticipan el retorno del Señor Jesucristo por su Iglesia.

Éste es el evento conocido como el Rapto o el Arrebatamiento de la Iglesia.  Lo que ocurrirá es que el Señor Jesucristo regresará en las nubes.  Se escuchará el fuerte sonido de la trompeta y un arcángel llamará a todos los creyentes en Cristo.  Los que hayan muerto en Él durante la Era de la Iglesia serán resucitados.  Todos los que estén vivos y sean salvos serán levantados justo después de los primeros, y se encontrarán con Jesús en las nubes.  Los primeros recibirán sus nuevos cuerpos glorificados y los segundos serán transformados para estar por siempre con el Señor. El resto de las personas que no creyeron en Jesús y rechazaron su salvación se quedarán en la Tierra.

Después de esto se desatará el período de la tribulación, el cual  está dividido en una serie de 21 juicios, todos los cuales tendrán lugar en orden cronológico, aunque las catástrofes que ocurrirán en cada uno de ellos, estén entremezcladas unas con otras.  El propósito principal para este tiempo de tribulación es que Dios desea que las personas lo busquen y le acepten como Salvador.

El Señor usará este período para derramar su ira sobre un mundo perverso y  para  llevar a todo Israel de regreso a su territorio y que ellos puedan llegar al conocimiento de que Jesús es su Mesías.  Cada uno de los juicios está subdividido en uno de siete tipos:

1.  Los juicios de los sellos
2.  Los juicios de las trompetas, y
3.  Los juicios de las copas.

Los primeros cuatro sellos son conocidos como los cuatro jinetes del Apocalipsis.  El primero introduce al Anticristo (Apocalipsis 6:1-2). El segundo causa una gran guerra (Apocalipsis 6:3-4).  El tercero una hambruna (Apocalipsis 6:5-6). El cuarto trae plagas, más hambre, y más guerra (Apocalipsis 6:7-8).  El quinto nos habla de aquellos que serán martirizados por su fe en Cristo durante el tiempo del fin (Apocalipsis 6:9-11).  El sexto provoca un terremoto, junto con fenómenos astronómicos inusuales (Apocalipsis 6:12-14).  Finalmente, la apertura del séptimo sello introduce el juicio de las trompetas (Apocalipsis 8:1-6).

Cada juicio sucesivo sobre la tierra, será más terrible que el anterior.  Es un proceso gradual que comenzará lentamente e irá aumentando en frecuencia e intensidad, hasta que finalmente regrese el Señor Jesucristo con su Iglesia, tal como prometió en Mateo 24:22 y le ponga fin.  “Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados”.

La destrucción de Rusia

La forma cómo el Anticristo, un maestro en diplomacia, conquistará al mundo, será ofreciéndole paz y prosperidad a la humanidad.  Tal parece que esto podrá lograrse si pone a un lado a Rusia y sus seguidores.  Los capítulos 38 y 39 de Ezequiel nos dicen que Rusia concebirá la idea de conquistar a Israel.  Justo en el momento en que se dispongan a hacerlo, Dios destruirá a esta nación en forma sobrenatural. “En aquel tiempo, cuando venga Gog contra la tierra de Israel, dijo Jehová el Señor, subirá mi ira y mi enojo. Porque he hablado en mi celo, y en el fuego de mi ira: Que en aquel tiempo habrá gran temblor sobre la tierra de Israel; que los peces del mar, las aves del cielo, las bestias del campo y toda serpiente que se arrastra sobre la tierra, y todos los hombres que están sobre la faz de la tierra, temblarán ante mi presencia; y se desmoronarán los montes, y los vallados caerán, y todo muro caerá a tierra.  Y en todos mis montes llamaré contra él la espada, dice Jehová el Señor; la espada de cada cual será contra su hermano.  Y yo litigaré contra él con pestilencia y con sangre; y haré llover sobre él, sobre sus tropas y sobre los muchos pueblos que están con él, impetuosa lluvia, y piedras de granizo, fuego y azufre.  Y seré engrandecido y santificado, y seré conocido ante los ojos de muchas naciones; y sabrán que yo soy Jehová” (Ezequiel 38:18-23).

En medio del caos que causará esto, el Anticristo podría muy bien ofrecer paz al mundo entero a fin de evitar la guerra entre las naciones.  Pero... ¿En qué momento tendrá lugar la destrucción de Rusia?  Es imposible ser dogmático al responder esta pregunta.  Lo más factible es que ocurra antes de que comience la tribulación, porque Israel pasará siete años quemando las armas, después que Dios haya traído destrucción sobre ellos. “Y los moradores de las ciudades de Israel saldrán, y encenderán y quemarán armas, escudos, paveses, arcos y saetas, dardos de mano y lanzas; y los quemarán en el fuego por siete años.  No traerán leña del campo, ni cortarán de los bosques, sino quemarán las armas en el fuego; y despojarán a sus despojadores, y robarán a los que les robaron, dice Jehová el Señor” (Ezequiel 39:9,10).

¡Asimismo es imposible pensar que esto pueda tener lugar durante el milenio!  Por consiguiente, debe ocurrir o al principio de la tribulación o antes. Incluso hay expositores de la Palabra de Dios que creen que el rapto podría ocurrir en medio de la destrucción de Rusia y que así la humanidad tal vez podría pensar que simplemente fuimos destruidos.  O bien que Rusia podría ser destruida antes del rapto de la Iglesia, porque como ya dijimos la profecía de Ezequiel asegura que Israel estará quemando las armas por siete años.  Como los judíos serán perseguidos por el Anticristo por los últimos tres años y medio de la tribulación, esto también sugiere que Rusia y sus aliados árabes bien podrían ser destruidos tres años y medio antes del principio de la tribulación, porque es imposible que se estén escondiendo y al mismo tiempo quemando armas.

Según Daniel 9:27, a este evento le sigue la firma de un pacto de siete años entre Israel y sus enemigos: “Y por otra semana confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolador, hasta que venga la consumación, y lo que está determinado se derrame sobre el desolador” (Daniel 9:27).
El primer sello

El Anticristo quien ya será un personaje importante, pero no se habrá revelado como tal, recibirá una herida mortal que se sanará milagrosamente, será entonces cuando Satanás vendrá a morar en él. “Vi una de sus cabezas como herida de muerte, pero su herida mortal fue sanada; y se maravilló toda la tierra en pos de la bestia” (Apocalipsis 12:3).  Debido a este “milagro” y a su gran carisma como líder y político, recibirá el apoyo de una confederación multinacional la cual bien podría ser la Unión Europea.

Simultáneamente con la manifestación del Anticristo y el inicio de su gobierno, en el cielo el Cordero comenzará a abrir los sellos.  La apertura del primer sello inicia el período de siete años durante los cuales el Anticristo cabalgará sobre un caballo blanco.  En el mundo antiguo, el caballo blanco era símbolo de conquista.  El arco es un emblema de su control sobre las armas de guerra.  La corona lo identifica como ese que finalmente será aceptado como rey del mundo.  Con el rompimiento del primer sello comienza su conquista de todos los reinos, lenguas y naciones. “Vi cuando el Cordero abrió uno de los sellos, y oí a uno de los cuatro seres vivientes decir como con voz de trueno: Ven y mira.  Y miré, y he aquí un caballo blanco; y el que lo montaba tenía un arco; y le fue dada una corona, y salió venciendo, y para vencer” (Apocalipsis 6:1,2).

El Anticristo hará una alianza con el falso profeta y unidos implantarán un sistema mundial político, económico y religioso.  “Y adoraron al dragón que le había dado autoridad a la bestia, y adoraron a la bestia, diciendo: ¿Quién como la bestia, y quién podrá luchar contra ella?” (Apocalipsis 13:4).

El segundo sello

El propósito del segundo sello es quitar la paz de la tierra.  Obviamente cuando el Anticristo tome control del mundo, algunas naciones que no estarán conformes tratarán de evitar su dominio.  Pero aunque intenten romper los grilletes será imposible.  Esto es evidente por la apertura del siguiente sello que propaga guerras sangrientas. “Y salió otro caballo, bermejo; y al que lo montaba le fue dado poder de quitar de la tierra la paz, y que se matasen unos a otros; y se le dio una gran espada” (Apocalipsis 6:4).

A la mitad de la tribulación comenzarán a ocurrir muchas cosas en rápida sucesión.  A mediados de la septuagésima semana de Daniel, el Anticristo quebrantará el pacto con Israel. Hará que cese el sacrificio y la ofrenda en el lugar de adoración judío, y profanará el templo al entrar en el Lugar Santísimo y autoproclamarse Dios.  Este acto se conoce en la Escritura como “la abominación desoladora”“... Y a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolador, hasta que venga la consumación, y lo que está determinado se derrame sobre el desolador” (Daniel 9:27b).

El falso profeta construirá una imagen del Anticristo “Y engaña a los moradores de la tierra con las señales que se le ha permitido hacer en presencia de la bestia, mandando a los moradores de la tierra que le hagan imagen a la bestia que tiene la herida de espada, y vivió.  Y se le permitió infundir aliento a la imagen de la bestia, para que la imagen hablase e hiciese matar a todo el que no la adorase” (Apocalipsis 13:14,15). 

El Anticristo blasfemará abiertamente de tres grupos: “Y abrió su boca en blasfemias contra Dios, para blasfemar de su nombre, de su tabernáculo, y de los santos que moran en el cielo” (Apocalpsis 13:6).

Todos los habitantes del planeta serán marcados con el número, el nombre o la marca de este dictador mundial, ya sea en la mano derecha o la frente y quienes no acepten morirán de hambre o serán ejecutados. “Y hacía que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se les pusiese una marca en la mano derecha, o en la frente; y que ninguno pudiese comprar ni vender, sino el que tuviese la marca o el nombre de la bestia, o el número de su nombre.  Aquí hay sabiduría. El que tiene entendimiento, cuente el número de la bestia, pues es número de hombre. Y su número es seiscientos sesenta y seis” (Apocalipsis 13:16-18).

Después de la abominación desoladora comenzará una persecución encarnizada en contra de los judíos, quienes huirán al desierto ocultándose de la ira del Anticristo. “Y la mujer huyó al desierto, donde tiene lugar preparado por Dios, para que allí la sustenten por mil doscientos sesenta días” (Apocalipsis 12:6).

El tercer sello

La apertura del tercer sello trae consigo la guerra acompañada del hambre.  Este tercer jinete simboliza a una gran hambruna que tendrá lugar, probablemente como resultado de las guerras producidas por el segundo jinete. La comida escaseará, pero los lujos tales como el vino y el aceite aún estarán disponibles. Habrá un colapso económico global.   Una hambre en una escala nunca antes vista en la historia de la humanidad.

A lo largo de la existencia, el hambre siempre ha sido una compañera constante de la guerra, pero el jinete del caballo negro presenta una clase diferente de hambre.  Es de alcance global. “Cuando abrió el tercer sello, oí al tercer ser viviente, que decía: Ven y mira. Y miré, y he aquí un caballo negro; y el que lo montaba tenía una balanza en la mano.  Y oí una voz de en medio de los cuatro seres vivientes, que decía: Dos libras de trigo por un denario, y seis libras de cebada por un denario; pero no dañes el aceite ni el vino” (Apocalipsis 6:5,6).

El cuarto sello

El cuarto sello introduce al cuarto jinete - símbolo de la muerte y devastación.  Parece ser una combinación de los jinetes previos.  Traerá más guerra y terribles hambrunas junto con terribles plagas y enfermedades. Lo que es más asombroso, o quizá terrorífico, es que los cuatro jinetes del Apocalipsis, sólo son “precursores” de juicios aún peores que ocurrirán posteriormente en la Tribulación y que están detallados en los capítulos 8-9 y 16 de Apocalipsis.

Este otro jinete tiene la horrorosa misión de desatar el propio infierno sobre la tierra.  Tiene autoridad para matar a un cuarto de la humanidad.   En el término de unos pocos meses millones de hombres y mujeres morirán, unos por las guerras y las pestes, otros por las catástrofes, inanición, y muchos sucumbirán como mártires de la fe víctimas de la persecución que el Anticristo emprenderá contra toda oposición. “Cuando abrió el cuarto sello, oí la voz del cuarto ser viviente, que decía: Ven y mira.  Miré, y he aquí un caballo amarillo, y el que lo montaba tenía por nombre Muerte, y el Hades le seguía; y le fue dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad, y con las fieras de la tierra” (Apocalipsis 6:7,8). Su recorrido se extiende a todo lo largo de la tribulación.  Durante su permanencia se le entregan armas especiales con las cuales trabajar:
La “espada” o las armas militares.
El “hambre” o la inanición.
“Mortandad” o pestes, con enfermedades epidémicas incurables.
“Las fieras de la tierra”.  Hay dos formas de interpretar este pasaje y ambas son literales.  Una, son las bestias salvajes que atacarán a los seres humanos, pero también se puede tratar de organismos vivos, de bacterias.

“Pfeisteria”, es una palabra  en inglés que en español la interpretan como “marea roja”, aunque “Pfeisteria” es mucho más letal.  Esta marea roja también es un ser vivo.  Casi hizo quebrar la industria pesquera a lo largo de las costas orientales de Estados Unidos.  Estos organismos diminutos matan al producir un veneno miles de veces más tóxico que el cianuro.  Cuando esta mortal marea roja se aproxima a la playa, testigos oculares han dicho que los peces saltan fuera del agua tratando de escapar, como si los estuvieran hirviendo.  Como asesina de los peces, “pfeisteria” es más que impresionante.  Además, cuando se examinó en el laboratorio se descubrió que tiene un sabor a sangre.

En un algún momento en este tiempo el Señor enviará a sus ángeles para que sellen a los 144.000 testigos.  Estos 144.000 emprenderán la evangelización entre todos los que no sucumbieron a las “señales y prodigios mentirosos” del Anticristo. Es evidente que estos 144.000 son judíos, porque Juan declara específicamente:  “Y oí el número de los sellados: ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel” (Apocalipsis 7:4). Para ser más exacto 12.000 de cada una de las doce tribus.  En alguna forma estos siervos recibirán el sello de Dios en sus frentes.

Los testigos predicarán el mismo mensaje que predicó Pablo o Pedro, el mismo que predicamos hoy, y millones se convertirán y habrá la mayor siega de almas de la historia.  De hecho, más personas se convertirán entonces que los que se han convertido en dos mil años de historia de la Iglesia.  Dice Apocalipsis 7:9: “Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos” (Apocalipsis 7:9).

El capítulo 13 de Apocalipsis nos dice que durante el reinado del Anticristo, Satanás tendrá una autoridad especial que nunca antes se le había otorgado durante la Dispensación de la Iglesia.  Tendrá el poder para quitarle la vida a los santos de Dios.  Ahora, es cierto que siempre han habido persecuciones en contra de la Iglesia, y ciertamente millones han sido martirizados, pero este será un tiempo diferente.  Por todos los millones que fueron martirizados en el pasado, muchos millones más han vivido en paz.  Pero no será así durante el período de la tribulación.  “Y se le permitió hacer guerra contra los santos, y vencerlos. También se le dio autoridad sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación” (Apocalipsis 13:7).

Unas de las víctimas de los asesinatos del Anticristo, serán los dos testigos judíos, quienes después de estar muertos resucitarán.  “Y daré a mis dos testigos que profeticen por mil doscientos sesenta días, vestidos de cilicio.  Estos testigos son los dos olivos, y los dos candeleros que están en pie delante del Dios de la tierra.  Si alguno quiere dañarlos, sale fuego de la boca de ellos, y devora a sus enemigos; y si alguno quiere hacerles daño, debe morir él de la misma manera.  Estos tienen poder para cerrar el cielo, a fin de que no llueva en los días de su profecía; y tienen poder sobre las aguas para convertirlas en sangre, y para herir la tierra con toda plaga, cuantas veces quieran.  Cuando hayan acabado su testimonio, la bestia que sube del abismo hará guerra contra ellos, y los vencerá y los matará...  Pero después de tres días y medio entró en ellos el espíritu de vida enviado por Dios, y se levantaron sobre sus pies, y cayó gran temor sobre los que los vieron” (Apocalipsis 11:3-7,11).

El quinto sello

De los dos sellos que quedan, el quinto será la guerra en contra de quienes acepten a Cristo durante ese período diabólico: “Cuando abrió el quinto sello, vi bajo el altar las almas de los que habían sido muertos por causa de la palabra de Dios y por el testimonio que tenían.  Y clamaban a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra?  Y se les dieron vestiduras blancas, y se les dijo que descansasen todavía un poco de tiempo, hasta que se completara el número de sus consiervos y sus hermanos, que también habían de ser muertos como ellos” (Apocalipsis 6:9-11).

Un gran número de esos que acepten a Cristo durante la tribulación serán asesinados.  Ese será el precio que tendrán que pagar para obtener vida eterna, por haber rechazado el regalo ofrecido por Dios a ellos ahora, y negarse luego a recibir la marca de la bestia.  Ya que la bestia le dará muerte “a todo el que no lo adore” (Apocalipsis 13:15).

El sexto sello

La apertura del sexto sello es aún peor.  Como los dolores de la mujer de parto, un horror indescriptible cae sobre toda la tierra.  Nadie estará exento.  El pavor de la tribulación encontrará su camino en los corazones y mentes de todos, desde el mayor hasta el menor. “Miré cuando abrió el sexto sello, y he aquí hubo un gran terremoto; y el sol se puso negro como tela de cilicio, y la luna se volvió toda como sangre.  Y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera deja caer sus higos cuando es sacudida por un fuerte viento” (Apocalipsis 6:12-13).  La palabra que se traduce como “estrellas” también significa “asteroides” o “meteoros”, dependiendo del contexto.  En este caso, traduce eso mismo correctamente. 

“Y el cielo se desvaneció como un pergamino que se enrolla; y todo monte y toda isla se removió de su lugar” (Apocalipsis 6:14).  Esta catástrofe aparentemente traerá cambios fantásticos físicos en la tierra. El profeta Isaías dijo refiriéndose a la destrucción de la ecología de la tierra: “La tierra será enteramente vaciada, y completamente saqueada; porque Jehová ha pronunciado esta palabra... Y la tierra se contaminó bajo sus moradores; porque traspasaron las leyes, falsearon el derecho, quebrantaron el pacto sempiterno. Por esta causa la maldición consumió la tierra, y sus moradores fueron asolados; por esta causa fueron consumidos los habitantes de la tierra, y disminuyeron los hombres” (Isaías 24:3,5,6).

         “Y los reyes de la tierra, y los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes” (Apocalipsis 6:15).  El miedo atenazará con su garra helada el corazón de todos.  En lugar de volverse a Dios en la hora del peligro se esconderán  en cuevas y montes.  El cataclismo será de proporciones tan gigantescas que ni siquiera los ricos de la tierra encontrarán un lugar donde esconderse. Y si eso es con los ricos, ¿cómo no será con los pobres?

Aquellos que sobrevivan, tendrán razón al clamar:  “... A los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero; porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?” (Apocalipsis 6:16–17).    Es evidente por estos versículos que el mundo sabrá que es un juicio del Señor Jesucristo, porque se refieren a Él como el “Cordero.

En medio de todo el caos, el Anticristo romperá su alianza con la falsa iglesia. “... Y la dejarán desolada y desnuda; y devorarán sus carnes, y la quemarán con fuego” (Apocalipsis 17:16b).

El séptimo sello

Con la apertura del séptimo sello la escena cambia de la tierra al cielo.  Hay una atmósfera solemne, con un silencio ominoso en el cielo por cerca de treinta minutos.  La humanidad todavía aturdida por los eventos devastadores de los seis primeros juicios, tendrá la oportunidad de reflexionar y arrepentirse.

La apertura del séptimo sello de hecho desata la serie siguiente de siete juicios, los cuales están confiados a siete ángeles del más alto rango.  Juan testifica lo que vio y dice: “Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora.  Y vi a los siete ángeles que estaban en pie ante Dios; y se les dieron siete trompetas” (Apocalipsis 8:1,2).  La apertura del séptimo sello introduce los juicios de las siete trompetas.  Estos juicios son tan terribles que los ángeles se quedan mudos de asombro.

“Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono.  Y de la mano del ángel subió a la presencia de Dios el humo del incienso con las oraciones de los santos.  Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y lo arrojó a la tierra; y hubo truenos, y voces, y relámpagos, y un terremoto” (Apocalipsis 8:3-5). Los truenos, las voces, los relámpagos y el terremoto son el resultado del fuego en el altar, indicando que la acción en el cielo inicia una acción
sensible en la tierra.

Primera trompeta

“El primer ángel tocó la trompeta, y hubo granizo y fuego mezclados con sangre, que fueron lanzados sobre la tierra; y la tercera parte de los árboles se quemó, y se quemó toda la hierba verde” (Apocalipsis 8:7).  El granizo y el fuego son juicios literales que caerán sobre un tercio de la superficie de la tierra, quemando toda la vegetación.  Esto no es extraño porque tal cosa ya ha ocurrido antes.  Eso fue lo que sucedió en Sodoma y Gomorra.  “Entonces Jehová hizo llover sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos” (Génesis 19:24).

Segunda trompeta

“El segundo ángel tocó la trompeta, y como una gran montaña ardiendo en fuego fue precipitada en el mar; y la tercera parte del mar se convirtió en sangre.  Y murió la tercera parte de los seres vivientes que estaban en el mar, y la tercera parte de las naves fue destruida” (Apocalipsis 8:8,9).

Cuando en la Biblia se menciona el mar, usualmente se refiere al mar que era prominente en el territorio de Palestina, el Mediterráneo.  Lo que Juan describe “como una gran montaña ardiendo en fuego” bien podría ser un meteorito gigante incandescente que cae en el mar Mediterráneo, acabando con una tercera parte de las criaturas vivas y destruyendo un tercio de las naves.  El resultado de tantas muertes y de la composición química del meteorito, convertirán las aguas en sangre.

Tercera trompeta

“El tercer ángel tocó la trompeta, y cayó del cielo una gran estrella, ardiendo como una antorcha, y cayó sobre la tercera parte de los ríos, y sobre las fuentes de las aguas.  Y el nombre de la estrella es Ajenjo. Y la tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo; y muchos hombres murieron a causa de esas aguas, porque se hicieron amargas” (Apocalipsis 8:10,11).

La tercera trompeta hace que caiga del cielo una gran estrella, otro meteorito.  Parece que se enterrará tan profundo que contaminará el suministro de agua de un tercio de los ríos del mundo.  Cuando este meteorito cuyo nombre es Ajenjo caiga, amargará las aguas y esos que dependen de ellas morirán.

Cuarta trompeta

“El cuarto ángel tocó la trompeta, y fue herida la tercera parte del sol, y la tercera parte de la luna, y la tercera parte de las estrellas, para que se oscureciese la tercera parte de ellos, y no hubiese luz en la tercera parte del día, y asimismo de la noche” (Apocalipsis 8:12).  Esta cuarta trompeta afectará al sol y la luna.  La luz de estos cuerpos celestes disminuirá y habrá 16 horas de oscuridad y ocho de claridad.  Nuestras mentes finitas no pueden comprender a fondo las fuerzas tremendas que se desatarán en la tierra como resultado del toque de la cuarta trompeta.
“Y miré, y oí a un ángel volar por en medio del cielo, diciendo a gran voz: ¡Ay, ay, ay, de los que moran en la tierra, a causa de los otros toques de trompeta que están para sonar los tres ángeles!” (Apocalipsis 8:13).  Este versículo introduce los tres ayes del libro de Apocalipsis, los cuales nos informan que por muy horribles que hayan sido las primeras cuatro trompetas, serán sobrepasadas en miseria por lo que sigue.

Quinta trompeta

“El quinto ángel tocó la trompeta, y vi una estrella que cayó del cielo a la tierra; y se le dio la llave del pozo del abismo” (Apocalipsis 9:1).  Es obvio que la palabra “estrella” en este versículo se usa en forma figurada.  La llave del pozo del abismo no se le puede dar a una cosa o a un objeto, sino a un ser.  Aquí la palabra estrella se usa como muchas veces la usamos nosotros para referirnos “a una estrella de cine, del deporte” etc. e indica que se trata de un ángel.

“Y abrió el pozo del abismo, y subió humo del pozo como humo de un gran horno; y se oscureció el sol y el aire por el humo del pozo.  Y del humo salieron langostas sobre la tierra; y se les dio poder, como tienen poder los escorpiones de la tierra” (Apocalipsis 9:2,3).  Cuando se abra el pozo del abismo el aire llegará a estar saturado con humo y niebla y en medio de esto emergerán unas criaturas como escorpiones, las cuales no tienen contraparte en toda la historia.  Algunos les llaman “querubines infernales”“Tenían corazas como corazas de hierro; el ruido de sus alas era como el estruendo de muchos carros de caballos corriendo a la batalla; tenían colas como de escorpiones, y también aguijones; y en sus colas tenían poder para dañar a los hombres durante cinco meses” (Apocalipsis 9:9,10).

Hay discrepancia entre los expositores bíblicos respecto a estas criaturas, algunos sugieren que son quimeras productos de la ingeniería genética, otros afirman que son criaturas espirituales que vendrán a la tierra con el propósito de perseguir a las personas más allá de nuestra comprensión.  Cuando los seres humanos vean estas criaturas sin dudas sus corazones sucumbirían al terror.

“Y tienen por rey sobre ellos al ángel del abismo, cuyo nombre en hebreo es Abadón, y en griego, Apolión” (Apocalipsis 9:11).  El nombre en griego del ángel líder de estos espíritus diabólicos, Apolión, significa “Destructor”.  A diferencia de cualquier clase de langosta que hayan existido antes que ellas, estas no van a dañar la vegetación sino a los seres humanos.  No matarán a las personas, sino que las atormentarán por cinco meses.  La Biblia describe este tormento “como tormento de escorpión cuando hiere al hombre” (Apocalipsis 9:5).  La picadura del escorpión es considerada una de las más dolorosas conocidas.  El dolor será tan intenso, que “en aquellos días los hombres buscarán la muerte, pero no la hallarán; y ansiarán morir, pero la muerte huirá de ellos” (Apocalipsis 9:6).

Sexta trompeta

“El sexto ángel tocó la trompeta, y oí una voz de entre los cuatro cuernos del altar de oro que estaba delante de Dios, diciendo al sexto ángel que tenía la trompeta: Desata a los cuatro ángeles que están atados junto al gran río Éufrates.  Y fueron desatados los cuatro ángeles que estaban preparados para la hora, día, mes y año, a fin de matar a la tercera parte de los hombres” (Apocalipsis 9:13-15).  Al toque de la sexta trompeta serán desatados cuatro ángeles, que deben ser diabólicos porque están atados. 

“Y el número de los ejércitos de los jinetes era doscientos millones. Yo oí su número.  Así vi en visión los caballos y a sus jinetes, los cuales tenían corazas de fuego, de zafiro y de azufre. Y las cabezas de los caballos eran como cabezas de leones; y de su boca salían fuego, humo y azufre.  Por estas tres plagas fue muerta la tercera parte de los hombres; por el fuego, el humo y el azufre que salían de su boca.  Pues el poder de los caballos estaba en su boca y en sus colas; porque sus colas, semejantes a serpientes, tenían cabezas, y con ellas dañaban” (Apocalipsis 9:16-19).

Este ejército será algo sin precedentes y los cuatros ángeles que estaban atados serán sus líderes.  Algunos teólogos creen que no son seres humanos sino espíritus diabólicos.  Otros creen, que bien podrían ser criaturas producto de la manipulación genética o la clonación.  Ellos le darán muerte a un tercio de la población mundial.

El río Éufrates era una frontera protectora natural en contra de los imperios del este.  En la actualidad, gracias a la represa Ataturk que se construyera allí en 1990, es posible detener el curso del río en cuestión de minutos, lo cual le permitirá el paso a los ejércitos de oriente. “El sexto ángel derramó su copa sobre el gran río Éufrates; y el agua de éste se secó, para que estuviese preparado el camino a los reyes del oriente” (Apocalipsis 16:12).

Séptima trompeta

“El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 11:15).  Los cristianos que creen que el rapto tendrá lugar después de la tribulación, argumentan que esta séptima trompeta, es la última trompeta mencionada en 1 Corintios 15:52 y que hay una fuerte correlación entre los eventos mencionados en Isaías 27:13, Mateo 24:29-31, y 1 Tesalonicenses 4:16.

Usan estos paralelos para apoyar la doctrina del rapto después de la tribulación.  Sin embargo, la naturaleza de la séptima trompeta sólo indica que el misterio de Dios ha concluido, tal como dice Apocalipsis 10:6-7: “Y juró por el que vive por los siglos de los siglos, que creó el cielo y las cosas que están en él, y la tierra y las cosas que están en ella, y el mar y las cosas que están en él, que el tiempo no sería más, sino que en los días de la voz del séptimo ángel, cuando él comience a tocar la trompeta, el misterio de Dios se consumará, como él lo anunció a sus siervos los profetas”.

La destrucción de Babilonia

En algún momento, en medio de todo este caos y horror tendrá lugar la destrucción de Babilonia, del falso sistema religioso.  Dios reserva el juicio final para aquellos que mantuvieron las tradiciones religiosas de Babilonia antigua, y estos versículos se refieren a la destrucción de Roma.  Dios le da a esta ciudad del falso rey - del Anticristo, y del falso sumo sacerdote - el Papa, la copa llena del vino del furor de su ira.  “Y los reyes de la tierra que han fornicado con ella, y con ella han vivido en deleites, llorarán y harán lamentación sobre ella, cuando vean el humo de su incendio, parándose lejos por el temor de su tormento, diciendo: ¡Ay, ay, de la gran ciudad de Babilonia, la ciudad fuerte; porque en una hora vino tu juicio!” (Apocalipsis 18:9-10).

Con todo el armamento nuclear y el caos que se habrá desatado sobre la tierra, el horror seguirá en aumento ya que simultáneamente también serán vertidas sobre la tierra las copas de la ira de Dios.  El juicio de las copas son los juicios finales y absolutos de Dios sobre la tierra.  Hay mucha similitud entre los juicios de las copas y los juicios de las trompetas, pero hay tres diferencias principales:

1.  Los juicios de las copas son totales mientras que los de las trompetas son parciales

2.  Los juicios de las trompetas, le dan a los inconversos la oportunidad de arrepentirse, pero los juicios de las copas no, y

3.  La humanidad es afectada indirectamente por varios de los juicios de las trompetas, pero atacadas directamente por todos los juicios de las copas.

Primera copa

“Fue el primero, y derramó su copa sobre la tierra, y vino una úlcera maligna y pestilente sobre los hombres que tenían la marca de la bestia, y que adoraban su imagen” (Apocalipsis 16:2).  Con la explosión de las bombas nucleares, nuestro sistema solar experimentará cambios drásticos.  Algunos dicen que el aumento en las explosiones solares tal vez se deba a que nuestro sol podría pasar a convertirse en una nova.  Otros aseguran que el recalentamiento del sol se deberá al efecto de las múltiples explosiones nucleares. 

Durante el período de la tribulación el Anticristo tendrá el poder de realizar milagros falsificados.  Incluso hasta hará descender fuego del cielo. “También hace grandes señales, de tal manera que aun hace descender fuego del cielo a la tierra delante de los hombres” (Apocalipsis 13:13).

Aumentarán las pestes, habrá intercambios nucleares, hambre y muertes para los seguidores del Anticristo y el falso profeta. Habrá también manifestaciones terribles en el espacio, lo mismo que grandes alteraciones en todo el planeta.  Aunque las descripciones que ofrece la Biblia parecen sacudidas físicas de la corteza terrestre causada  por terremotos y erupción volcánica, a todo esto debemos sumarle los efectos del invierno nuclear.  Es cierto que las cenizas volcánicas hacen que la luna se torne roja.  Después de la erupción en Krakatoa, una pequeña isla volcánica situada en el suroeste de Indonesia, en el estrecho de la Sonda, entre Java y Sumatra, se dice que el sol se oscureció y la luna lucía roja.  Los maremotos causados acabaron con 36.000 personas.

Segunda copa

“El segundo ángel derramó su copa sobre el mar, y éste se convirtió en sangre como de muerto; y murió todo ser vivo que había en el mar” (Apocalipsis 16:3).   Las aguas de los océanos se tornarán como sangre.  Note la similitud de esta plaga con la que Dios ejecutó en Egipto por medio de Moisés.  “Así ha dicho Jehová: En esto conocerás que yo soy Jehová: he aquí, yo golpearé con la vara que tengo en mi mano el agua que está en el río, y se convertirá en sangre.  Y los peces que hay en el río morirán, y hederá el río, y los egipcios tendrán asco de beber el agua del río” (Éxodo 7:17-18).

Tercera copa

         “El tercer ángel derramó su copa sobre los ríos, y sobre las fuentes de las aguas, y se convirtieron en sangre. Y oí al ángel de las aguas, que decía: Justo eres tú, oh Señor, el que eres y que eras, el Santo, porque has juzgado estas cosas.  Por cuanto derramaron la sangre de los santos y de los profetas, también tú les has dado a beber sangre; pues lo merecen.  También oí a otro, que desde el altar decía: Ciertamente, Señor Dios Todopoderoso, tus juicios son verdaderos y justos” (Apocalipsis 16:4–7).

Los mártires bajo el altar están ahora satisfechos viendo que se ha hecho justicia.  Recuerde que estos mártires en el quinto sello, “... Clamaban a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra?” (Apocalipsis 6:10).   Ahora en la tercera copa, responden con aprobación al juicio de Dios.

Cuarta copa

“El cuarto ángel derramó su copa sobre el sol, al cual fue dado quemar a los hombres con fuego. Y los hombres se quemaron con el gran calor, y blasfemaron el nombre de Dios, que tiene poder sobre estas plagas, y no se arrepintieron para darle gloria” (Apocalipsis 16:8-9).  Ahora el sol quemará con un calor intenso.  Es probable que la capa de ozono, la protección natural de la atmósfera haya sido destruida.  Estas personas condenadas, con sus corazones endurecidos responderán maldiciendo a Dios, ya que los condenados son incapaces de arrepentirse. Eso fue lo mismo que le ocurrió al Faraón en Egipto a quien Dios endureció su corazón.

La quinta copa

         “El quinto ángel derramó su copa sobre el trono de la bestia; y su reino se cubrió de tinieblas, y mordían de dolor sus lenguas” (Apocalipsis 16:2-4,8-10).  Moisés ejecutó un juicio similar en Egipto.  Cuando “Jehová dijo a Moisés: Extiende tu mano hacia el cielo, para que haya tinieblas sobre la tierra de Egipto, tanto que cualquiera las palpe. Y extendió Moisés su mano hacia el cielo, y hubo densas tinieblas sobre toda la tierra de Egipto, por tres días. Ninguno vio a su prójimo, ni nadie se levantó de su lugar en tres días; mas todos los hijos de Israel tenían luz en sus habitaciones” (Éxodo 10:21–23).

Sexta copa

“El sexto ángel derramó su copa sobre el gran río Éufrates; y el agua de éste se secó, para que estuviese preparado el camino a los reyes del oriente” (Apocalipsis 16:12).

En el momento del Armagedón, el flujo del río Éufrates en Irak estará seco para permitir que los ejércitos invadan a Israel.  Este lecho seco abrirá el camino para los ejércitos de los reyes de Oriente, que avanzarán hacia el valle de Armagedón en Israel.  Desde lá década de 1990 la represa de Ataturk en Turquía detiene el flujo del río Éufrates.

Los versículos indican que son varios reyes, lo cual podría ser el resultado de que China se disolverá en países pequeños que estarán unidos por una confederación.  Una consecuencia del deseo de China de someter a Taiwán bajo su control, mientras que al mismo tiempo le dará la libertad que necesita Hong Kong para prosperar.  Tal confederación podría incluir las poblaciones de otras potencias económicas e incluir a India, Japón y Corea del Sur. 

Ahora tres espíritus malignos hablan a través del dragón - de Satanás, de la bestia - el Anticristo, y el falso profeta.  Su mensaje es a los líderes mundiales: para que envíen sus ejércitos al Armagedón.  “Y vi salir de la boca del dragón, y de la boca de la bestia, y de la boca del falso profeta, tres espíritus inmundos a manera de ranas; pues son espíritus de demonios, que hacen señales, y van a los reyes de la tierra en todo el mundo, para reunirlos a la batalla de aquel gran día del Dios Todopoderoso” (Apocalipsis 16:13–14).

Finalmente las naciones del mundo se congregarán en el valle de Josafat o Armagedón para atacar a Israel y habrá un gran derramamiento de sangre. "Y fue pisado el lagar fuera de la ciudad, y del lagar salió sangre hasta los frenos de los caballos, por mil seiscientos estadios" (Apocalipsis 14:20).

Cuando tal parece que todo está perdido para Israel, el Señor descenderá del cielo para defender a su pueblo. “Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea.  Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo.  Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: EL VERBO DE DIOS.  Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos.  De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios  Todopoderoso.  Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES” (Apocalipsis 19:11-16).

La séptima copa

“El séptimo ángel derramó su copa por el aire; y salió una gran voz del templo del cielo, del trono, diciendo: Hecho está.  Entonces hubo relámpagos y voces y truenos, y un gran temblor de tierra, un terremoto tan grande, cual no lo hubo jamás desde que los hombres han estado sobre la tierra.  Y la gran ciudad fue dividida en tres partes, y las ciudades de las naciones cayeron; y la gran Babilonia vino en memoria delante de Dios, para darle el cáliz del vino del ardor de su ira.  Y toda isla huyó, y los montes no fueron hallados.  Y cayó del cielo sobre los hombres un enorme granizo como del peso de un talento; y los hombres blasfemaron contra Dios por la plaga del granizo; porque su plaga fue sobremanera grande” (Apocalipsis 16:17-21).

Este enfrentamiento y todas las catástrofes culminarán con la derrota total del Anticristo y sus ejércitos. “Y vi a la bestia, a los reyes de la tierra y a sus ejércitos, reunidos para guerrear contra el que montaba el caballo, y contra su ejército. Y la bestia fue apresada, y con ella el falso profeta que había hecho delante de ella las señales con las cuales había engañado a los que recibieron la marca de la bestia, y habían adorado su imagen.  Estos dos fueron lanzados vivos dentro de un lago de fuego que arde con azufre. Y los demás fueron muertos con la espada que salía de la boca del que montaba el caballo, y todas las aves se saciaron de las carnes de ellos” (Apocalipsis 19:19-21).

El Señor después establecerá su reino milenial de justicia sobre la tierra.

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