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El evento más destacado del capítulo 38 de Ezequiel

         La invasión profetizada en el capítulo 38 de Ezequiel, es el evento más destacado por medio del cual el Señor oficialmente notificará al mundo que es el único Dios verdadero. Los versículos claves que explican la razón de esto, son: “Y haré notorio mi santo nombre en medio de mi pueblo Israel, y nunca más dejaré profanar mi santo nombre; y sabrán las naciones que yo soy Jehová, el Santo en Israel.  He aquí viene, y se cumplirá, dice Jehová el Señor; este es el día del cual he hablado” (Ezequiel 39:7-8).

         A fin de poder entender el propósito subyacente en los capítulos 38 y 39 de Ezequiel, hay ciertas preguntas importantes que necesitan ser respondidas, tales como:

¿Por qué para hacer notorio su santo nombre, el Señor escoge la invasión de Magog, en lugar de elegir el rapto?

¿Por qué en lugar de optar por la Iglesia para hacer esto, prefiere a Israel?

¿Qué implica “hacer notorio su santo nombre”?

¿Por qué es importante para Dios “hacer notorio su santo nombre”?

¿Por qué Dios decide  “hacer notorio su santo nombre” al final de los tiempos?

¿Cuándo tendrá cumplimiento Ezequiel 39:7?

         A continuación examinaremos cada una de esas preguntas.

¿Por qué Dios escoge la invasión de Magog?

         Una pregunta bien importante es: “¿Por qué para hacer notorio su santo nombre, el Señor escoge la invasión de Magog, en lugar de elegir el rapto?”.   El Rapto es un evento sobrenatural increíble.  Involucra la desaparición instantánea, sin ninguna advertencia previa, de millones de creyentes verdaderos a todo lo ancho del mundo.  Es la ocasión especial, cuando el Señor Jesucristo viene para arrebatar al cielo a su Esposa - la Iglesia Cristiana.

         El evento está profetizado así en 1 Corintios 15:51-53: “He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados.  Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad”.

         Asimismo dice 1 Tesalonicenses 4:15-18: “Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron.  Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.  Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.  Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras”. Estos versículos proveen tantos detalles, que cuando tenga lugar este episodio épico, habrá muy poca duda respecto a lo qué ocurrió.

         Debido a la magnitud de este maravilloso evento, bien podría ser fácilmente el hecho obvio que califique como candidato profético para hacer notorio el santo nombre de Dios.  Las huellas del Creador estarán conspicuamente visibles sobre esta milagrosa experiencia.  Sin embargo, el arrebatamiento de la Esposa de Cristo por el Hijo de Dios, no es el tiempo apropiado para que el Padre Celestial exhiba sus atributos divinos.

         Y comenta al respecto el señor Bill Salus, erudito de las profecías: “Permítame proveer un ejemplo personal para enfatizar este punto.  El 10 de agosto del 2002, fui padrino en la boda de mi hijo mayor.  Era una ocasión maravillosa.  La ceremonia fue oficiada por el padre de la novia.  En las invitaciones acostumbradas para la ceremonia, estaban impresos los nombres de los contrayentes y toda la información concerniente a la boda.  Las elegantes decoraciones que adornaban el pasillo de la recepción, fueron seleccionadas específicamente para reflejar el tema de esa ocasión especial’.

         “En ese tiempo, yo era el propietario de una exitosa compañía de hipotecas y el padre de la novia era pastor de una iglesia.  Muchas personas habían asistido al evento y tanto el pastor como yo, bien pudimos aprovechar la ocasión para hacerle algo de propaganda a nuestros respectivos lugares de trabajo, ante un público tan numeroso.  Sin embargo, en ningún momento durante la ceremonia religiosa oficiada por el padre de la novia, y mientras él hablaba, dijo: ‘De paso, permítanme invitarlos para que asistan a la iglesia donde oficio como pastor, uno de estos domingos, me encantaría que nos visitaran’.  Ni tampoco yo, durante el tradicional brindis por la pareja, aproveché el momento para mencionar el nombre de la corporación de que era propietario.  Suficiente con decir que ni el pastor, ni yo, usamos la boda, las invitaciones, la decoración o la recepción para promover nuestros intereses comerciales personales”.

         De la misma manera, la recepción de bodas o de compromiso, está designada para el único propósito de celebrar la unión entre los contrayentes.   Mucho más aún en este caso, porque el rapto es un evento sagrado para el Hijo de Dios.  El Señor Jesucristo ha estado esperando pacientemente para regresar por su Esposa por cerca de dos mil años.  Él va a recorrer esa distancia de súbito, sin demora, en un abrir y cerrar de ojos, lo cual enfatiza lo mucho que anhela estar con ella. Cuando llegue  tomará a su Esposa, la arrebatará entre las nubes y traspondrá con ella el umbral de las puertas del cielo, para que ni un sólo segundo pueda separarlos.

¿Por qué en lugar de optar por la Iglesia para hacer esto,
prefiere a Israel?

         Esta es otra pregunta importante, “¿Por qué para hacer notorio su santo nombre prefiere a Israel en lugar de la Iglesia?”.   Una explicación podría ser, porque cuando llegue el tiempo de hacer notorio su santo nombre, los cristianos muy probablemente ya habrán sido arrebatados. 

         La decisión Divina de usar a Israel en lugar de la Iglesia en este importante asunto espiritual, presenta un dilema para los que enseñan la teología de remplazo.  Ellos creen que ya Dios concluyó sus tratos con Israel, porque en el momento en que rechazaron al Señor Jesucristo, Dios a su vez los desechó a ellos.  De acuerdo con su forma de ver, en esencia los judíos y la nación de Israel ya no son importantes, proféticamente hablando.   En otras palabras, las profecías bíblicas para los judíos que no se han cumplido, y en general todas las profecías que los involucran, han sido reasignadas en sus aplicaciones a la Iglesia Cristiana.  Sin embargo, las palabras de Ezequiel 39:7-8 claramente contradicen este razonamiento.

         Las profecías de los capítulos 38 y 39 de Ezequiel son dadas específicamente para los judíos y el territorio de Israel.  Estas profecías todavía no se han cumplido, lo cual significa inequívocamente que Dios aún no ha concluido ni con los judíos, ni con Israel. ¡Dios cumple su palabra, y como tal, hará que tengan pleno cumplimiento todos sus pactos incondicionales y promesas!   De hecho, esta es la razón primaria para hacer notorio su santo nombre, por medio de “Su pueblo escogido, Israel”.

Dios cumple sus pactos

         El pacto que Dios hizo con Abraham hace aproximadamente cuatro mil años, fue incondicional y no ha tenido su cumplimiento final.  Esto quiere decir que aún está pendiente.  El Señor le dijo a Abraham, “Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra” (Génesis 12:3).  Todo lo cual quiere decir que lo bendeciría a él haciendo de sus descendientes una gran nación y que todos los demás países extranjeros serían tratados en la misma forma como lo hicieran con ellos. 

         Este pacto incondicional fue confirmado en el capítulo 15 de Génesis, lo cual implica que Dios tomó plena responsabilidad por su cumplimiento.   A pesar de que comúnmente se le conoce como el Pacto Abrahámico, Abraham no estaba obligado a hacer nada para su confirmación.  De hecho, Génesis 15:18-21 declara que este pacto fue ratificado unilateralmente por Dios: “En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram, diciendo: A tu descendencia daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Éufrates; la tierra de los ceneos, los cenezeos, los cadmoneos, los heteos, los ferezeos, los refaítas, los amorreos, los cananeos, los gergeseos y los jebuseos”.

         En estos otros versículos, Dios una vez más le dijo a Abraham: “En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz” (Génesis 22:18).  “Multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo, y daré a tu descendencia todas estas tierras; y todas las naciones de la tierra serán benditas en tu simiente” (Génesis 26:4).

         Estos pasajes bíblicos declaran sin lugar a dudas que las bendiciones de Dios pasarían a Isaac el hijo de Abraham, y de Isaac a Jacob su nieto, lo cual fue ratificado por Dios en Génesis 28:14, cuando el Señor le dijo a Jacob: “Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente”.

         Estos versículos también clarifican que a través del linaje de ellos vendría una “Simiente” y que las familias de la tierra serían bendecidas por medio de ella.  Si trazamos la genealogía de Abraham por medio de la narrativa bíblica en Mateo 1:1-16 encontraremos que nos lleva a la ineludible conclusión, que el Señor Jesucristo es esa “Simiente”.

         Esto significa que el pacto incondicional Abrahámico, concierne al plan de Dios para la redención de la humanidad, por medio del Mesías el Señor Jesucristo.  Es por esa razón que para hacer notorio su santo nombre, el Creador lo hará por medio de los descendientes de Abraham, por Israel.

         Es aquí donde tiene aplicación lo de su pueblo Israel.  El Señor le prometió a Abraham hacer de él y su descendencia una gran nación.  Una gran nación requiere un territorio y un pueblo para que more allí.  Por consiguiente, a partir de ese tiempo en adelante, los términos “Tierra Prometida” y “Pueblo Escogido” aplican directamente al territorio de Israel y al pueblo judío.

         De acuerdo con la Biblia, las promesas del pacto con Abraham, Isaac y Jacob, fueron eternas.  A ellos se les prometió unos descendientes y un territorio para siempre.   Es por eso que todos los intentos históricos de genocidio contra el pueblo judío y los intentos por apoderarse permanentemente del territorio de Israel han fracasado.

         En la profecía del capítulo 38 de Ezequiel el carácter de Dios está en juego.  Los invasores de Gog y Magog desean eliminar al pueblo escogido y apropiarse de la abundancia de la Tierra Prometida.  La profecía sólo puede tener cumplimiento cuando ambos aspectos del pacto estén en su lugar.   Los invasores de Ezequiel nunca podrían combatir contra los judíos en el territorio de Israel, si Hitler los hubiera exterminado o si el imperio otomano tuviera todavía dominio de esa área.

         El Señor derrotará a los invasores de Ezequiel y la Tierra Prometida y el Pueblo Escogido sobrevivirá al conflicto masivo.  El mundo entero se maravillará cuando el enemigo sea derrotado de manera decisiva en forma sobrenatural.   Jehová podrá decir sin reservas que es el Dios de Abraham, Isaac y Jacob y que cumple sus pactos. Esto significa que “habrá hecho notorio su santo nombre por medio de Israel”.

         También por medio de este evento, el Señor podrá declarar que es el Dios que cumple sus pactos y envió a su Hijo Unigénito, el Señor Jesucristo, como un sacrificio por los pecados del mundo.  Sin embargo, tal vez usted se pregunte: “Pero... ¿cómo?”.   Es lógica la conclusión de que el Creador cumple sus pactos, pero... ¿qué tiene que ver el Señor Jesucristo con el Pueblo Escogido y la Tierra Prometida?

El Señor cumple sus promesas

         La respuesta es que el Pacto incondicional de Abraham, no sería bueno para la Tierra Prometida y el Pueblo Escogido, a menos que estén gobernados por un buen rey.  Incluido en el pacto Abrahámico está el Pacto Davídico y los Nuevos Pactos.  Estos son ampliaciones del Pacto Abrahámico.  El Davídico promete en el libro 2 de Samuel un Rey eterno, dice: “Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino.  Él edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino” (2 Samuel 7:12-13).  

         Mientras que en Jeremías, el Nuevo Pacto establece disposiciones para la ley eterna. Dice: “Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo” (Jeremías 31:33).

         El Señor Jesucristo es ese Rey eterno: “Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin” (Lucas 1:32-33).

         El Espíritu Santo es responsable por la implementación de la ley eterna.  Es el Ayudante que inscribe el Nuevo Pacto en los corazones y mentes de los creyentes.  Logra esto al morar en ellos.  Sólo a través de este hecho milagroso se puede lograr el Nuevo Pacto.  Fue a Él a quien se refirió el propio Señor Jesucristo cuando dijo: “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros...  Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Juan 14:16-17, 26).

         Los gentiles son injertados en el Pacto Abrahámico mediante la provisión del Nuevo Pacto.  A este es el punto a que se refiere el apóstol Pablo en Romanos 11:11-31, cuando dijo: “Digo, pues: ¿Han tropezado los de Israel para que cayesen? En ninguna manera; pero por su transgresión vino la salvación a los gentiles, para provocarles a celos.  Y si su transgresión es la riqueza del mundo, y su defección la riqueza de los gentiles, ¿cuánto más su plena restauración?  Porque a vosotros hablo, gentiles. Por cuanto yo soy apóstol a los gentiles, honro mi ministerio, por si en alguna manera pueda provocar a celos a los de mi sangre, y hacer salvos a algunos de ellos. Porque si su exclusión es la reconciliación del mundo, ¿qué será su admisión, sino vida de entre los muertos? Si las primicias son santas, también lo es la masa restante; y si la raíz es santa, también lo son las ramas. Pues si algunas de las ramas fueron desgajadas, y tú, siendo olivo silvestre, has sido injertado en lugar de ellas, y has sido hecho participante de la raíz y de la rica savia del olivo, no te jactes contra las ramas; y si te jactas, sabe que no sustentas tú a la raíz, sino la raíz a ti. Pues las ramas, dirás, fueron desgajadas para que yo fuese injertado. Bien; por su incredulidad fueron desgajadas, pero tú por la fe estás en pie.  No te ensoberbezcas, sino teme. Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, a ti tampoco te perdonará. Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; la severidad ciertamente para con los que cayeron, pero la bondad para contigo, si permaneces en esa bondad; pues de otra manera tú también serás cortado. Y aun ellos, si no permanecieren en incredulidad, serán injertados, pues poderoso es Dios para volverlos a injertar. Porque si tú fuiste cortado del que por naturaleza es olivo silvestre, y contra naturaleza fuiste injertado en el buen olivo, ¿cuánto más éstos, que son las ramas naturales, serán injertados en su propio olivo? Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sion el Libertador, Que apartará de Jacob la impiedad. Y este será mi pacto con ellos, Cuando yo quite sus pecados. Así que en cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros; pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres. Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios. Pues como vosotros también en otro tiempo erais desobedientes a Dios, pero ahora habéis alcanzado misericordia por la desobediencia de ellos, así también éstos ahora han sido desobedientes, para que por la misericordia concedida a vosotros, ellos también alcancen misericordia” (Romanos 11:11-31).

         Ese atributo de Dios de mantener sus promesas, es de vital importancia para todos los creyentes, porque la salvación individual depende totalmente del hecho que el Señor honra sus compromisos, tal como declara Efesios 2:8-9: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”.

La salvación individual es un regalo de la gracia de Dios.  Nos es otorgada al depositar nuestra fe en el Señor Jesucristo como nuestro Señor y Salvador.  No es algo que podamos alcanzar por nuestras buenas obras.  Está disponible a nosotros sólo por medio de la obra completa que llevó a cabo el Señor Jesucristo sobre la Cruz.  Al hacer notorio su santo nombre por medio su pueblo Israel, el Señor también le demuestra a todos los que depositan su fe en Cristo, que Él cumple sus pactos y promesas.

Pero... ¿qué implica hacer notorio su Santo Nombre?

         Ezequiel 39:7 dice que el Señor hará notorio su santo nombre y no permitirá que sea profanado nunca más.  Esto implica que Dios hará que se respete su santo nombre, algo que ha sido cuestionado.  Él está en el proceso de defender y establecer un hecho.

         Por consiguiente, defender una verdad es reconfirmar su realidad, de ninguna manera se trata de establecer su existencia.  Ya en Levítico 22:32 y en otros lugares de su Santa Palabra, el Señor estableció el hecho de que su nombre es santo, y en ningún momento a partir de entonces, ha permitido Él que esta verdad se vea comprometida. Por lo tanto, también hay un compromiso: que bien puede ser establecer o restablecer su santidad.
Como el Señor era, es y siempre será santo, entonces... ¿qué le obliga a volver a confirmarlo en Ezequiel 39:7?  Hay tres razones principales para esto. En primer lugar, su santo nombre se ha visto gravemente profanado.   En segundo, muchos lo han olvidado. Y en tercer lugar, es el nombre por encima de todo nombre.

¿Cómo ha sido el nombre de Dios severamente profanado?

         Ezequiel 39:7 dice: “Y haré notorio mi santo nombre en medio de mi pueblo Israel, y nunca más dejaré profanar mi santo nombre; y sabrán las naciones que yo soy Jehová, el Santo en Israel”.  Esto alude al pueblo judío y Ezequiel 36:16-21, explica así cómo ocurrió este hecho: “Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Hijo de hombre, mientras la casa de Israel moraba en su tierra, la contaminó con sus caminos y con sus obras; como inmundicia de menstruosa fue su camino delante de mí.  Y derramé mi ira sobre ellos por la sangre que derramaron sobre la tierra; porque con sus ídolos la contaminaron.  Les esparcí por las naciones, y fueron dispersados por las tierras; conforme a sus caminos y conforme a sus obras les juzgué.  Y cuando llegaron a las naciones adonde fueron, profanaron mi santo nombre, diciéndose de ellos: Estos son pueblo de Jehová, y de la tierra de él han salido.  Pero he tenido dolor al ver mi santo nombre profanado por la casa de Israel entre las naciones adonde fueron”.

         Por estas Escrituras podemos saber lo que hicieron los judíos que disgustó al Señor y provocó su castigo.  Esta disciplina dio lugar a una dispersión nacional de Israel entre las naciones del mundo. Describen lo que ocurrió durante la diáspora judía, entre los años 70 al 1948 de nuestra era.

         Durante la diáspora, las naciones llegaron a tener la percepción errónea de que el Dios de los judíos era una deidad inepta, incapaz de proteger y preservar a su pueblo dentro de su patria histórica.  Los países gentiles interpretaron erróneamente lo que ocurrió durante la diáspora, y los judíos colectivamente no hicieron nada para corregir esta forma de pensamiento.  Por otra parte, en lugar de aprender la lección y glorificar al Señor, los israelíes trataron de integrarse y ser parte de las naciones del mundo, exhibiendo con esto una indiferencia evidente por Dios.

         Este comportamiento difamó el santo nombre de Dios.  Los judíos eran un pueblo escogido, separados por Dios de los gentiles. Este es el punto de Deuteronomio 7:6-8, cuando el Señor les dijo:  “Porque tú eres pueblo santo para Jehová tu Dios; Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra.  No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos; sino por cuanto Jehová os amó, y quiso guardar el juramento que juró a vuestros padres, os ha sacado Jehová con mano poderosa, y os ha rescatado de servidumbre, de la mano de Faraón rey de Egipto” (Deuteronomio 7:6-8).

         No obstante ellos, a pesar de que estaban siendo disciplinados dentro de las naciones gentiles, en lugar de mantenerse separados para Dios,  hicieron lo opuesto, por eso les dijo el Señor por medio del profeta: “Y no ha de ser lo que habéis pensado.  Porque vosotros decís: Seamos como las naciones, como las demás familias de la tierra, que sirven al palo y a la piedra” (Ezequiel 20:32).

         Ezequiel 36:22-24, en conjunción con Ezequiel 39:7, explican cómo remediaría el Señor este problema.  Dicen: “Por tanto, di a la casa de Israel: Así ha dicho Jehová el Señor: No lo hago por vosotros, oh casa de Israel, sino por causa de mi santo nombre, el cual profanasteis vosotros entre las naciones adonde habéis llegado.  Y santificaré mi grande nombre, profanado entre las naciones, el cual profanasteis vosotros en medio de ellas; y sabrán las naciones que yo soy Jehová, dice Jehová el Señor, cuando sea santificado en vosotros delante de sus ojos.  Y yo os tomaré de las naciones, y os recogeré de todas las tierras, y os traeré a vuestro país... Y haré notorio mi santo nombre en medio de mi pueblo Israel, y nunca más dejaré profanar mi santo nombre; y sabrán las naciones que yo soy Jehová, el Santo en Israel”.

         Estos versículos informan que los judíos regresarían a Israel desde las naciones del mundo. Este obra milagrosa refutaría la mentalidad internacional errónea, de que el Dios de los judíos era incompetente.  Una vez que se llevara a cabo la reunificación del pueblo de Israel, sería notorio el nombre del Señor en todo el mundo.

¿Por qué muchos habían olvidado el santo nombre del Señor?

         Los 1878 años de la diáspora, permitió que las naciones le dieran albergue a los judíos dispersos y que pudieran conducir sus asuntos domésticos e internacionales sin tener que rendirle cuentas a Dios sobre su comportamiento con el pueblo judío, tal como está estipulado en Génesis 12: 3: “Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra”.   Aquí se le hace un llamado a las naciones gentiles para que bendigan a los judíos y puedan ellos a su vez recibir bendiciones.

 

         La actitud adoptada por las naciones durante la diáspora fue: “¿Por qué tenemos que recibirlos?”.   Como no entendieron cuál era el objetivo de la diáspora no vieron ningún valor en buscar el favor del Dios de los judíos.   Y continuaron llevando a cabo sus asuntos globales pensando que tenían la impunidad de los mandamientos de Dios.  Con el tiempo el santo nombre del Señor fue olvidado por la mayoría.

         Debido a la teología de remplazo, que plagó al cristianismo durante la diáspora y que todavía es prominente incluso en el día de hoy, la iglesia como un todo ha fallado en revertir esta mentalidad secular.  La teología de remplazo, que es abrazada por los católicos y muchas denominaciones protestantes importantes, hace eco a este sentimiento mundial.  Ellos en su mayoría están de acuerdo en que los judíos no tienen ninguna importancia hoy en el plan de Dios.

¿Qué significa un nombre por encima de todo nombre?

         El nombre de Dios está por encima de todos los nombres.  Él comparte esta estatura con su Hijo Unigénito, el Señor Jesucristo.  “Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra” (Filipenses 2:9).

         Era necesario hacer notorio el nombre de Cristo para cumplir el propósito inherente del pacto Abrahámico, el cual era la redención de la humanidad.  Hechos 4:12 declara que aparte del nombre de Jesús, “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”.

¿Por qué es tan importante para Dios hacer notorio su
santo nombre?

         La razón por qué Dios debe hacer notorio su santo nombre es porque la salvación del hombre depende de ello.  Sólo podemos ser salvos por medio de la fe en el Señor Jesucristo.  Durante los pasados dos mil años, el santo nombre de Dios ha sido severamente profanado y olvidado por la gran mayoría.  Sin embargo, el amor de Dios por su pueblo, es tan fuerte hoy como lo fuera en el tiempo de Adán y Eva.  La conclusión final no es que Dios esté está sufriendo una crisis de identidad respecto a su santidad, sino que Él va a hacer notorio su santo nombre por el bien de nuestra salvación.  El Señor sabe que es santo, pero la pregunta es: ¿Lo sabe usted?

¿Por qué el Señor decidió hacer notorio su santo nombre en el final de los tiempos?

         La fecha y el lugar seleccionado por Dios para hacer notorio su santo nombre son estratégicos.  Al poseer la capacidad de saber el fin desde el principio, el Señor sabía de antemano lo siguiente:

1.  Que su nombre finalmente sería gravemente difamado, y olvidado por la mayoría

2. Que esta mentalidad sería prevalente en los últimos tiempos,

3.  Que se necesitaría un evento mundial monumental para restablecer la confianza de la humanidad en Él.
4.  Que en los últimos días se pondrá de manifiesto un plan satánico y engañoso con la aparición del Anticristo.

5.  Este plan diabólico de engaño distorsionará la verdad sobre el santo nombre de Dios,

6.  ¡Y que a menos que el Señor haga notorio su santo nombre, la humanidad se verá abrumada por la mentira de Satanás!

         El amor de Dios por el hombre lo obligó a proporcionar una opción clara en los últimos tiempos entre Cristo y el Anticristo.  Él quiere que todo el mundo tenga vida eterna, pero esta sólo está disponible a través del Santo Nombre sobre todo nombre del Señor Jesucristo.

         2 Tesalonicenses 2: 7-12 dice: “Porque ya está en acción el misterio de la iniquidad; sólo que hay quien al presente lo detiene, hasta que él a su vez sea quitado de en medio.  Y entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida; inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos, y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos.  Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia”.

         Esta profecía del tiempo del fin, predice que las personas perecerán porque se niegan a recibir a Cristo.  Ellos hacen una elección en favor del Anticristo en vez de creer en Jesucristo.  Sin embargo, su elección para seguir este impostor no será porque el Señor fracasó al no hacer notorio su santo nombre de antemano.

¿Cuándo tendrá cumplimiento Ezequiel 39:7?

         Comprender las intenciones declaradas de Dios en Ezequiel 39:7, nos ayuda a entender el tiempo del cumplimiento de este versículo.  La profecía de Ezequiel 39:7 debe cumplirse en algún momento antes de 2 Tesalonicenses 2:7-12.  El hacer notorio su santo nombre antes de que se cumpla la profecía de 2 Tesalonicenses, provee un tiempo amplio para que las personas hagan su decisión por el Señor Jesucristo.  Después que se desate este engaño satánico en el mundo, ¡será demasiado tarde!

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