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¿Psicología cristiana?

La gran mayoría de los cristianos nada malo ven en la psicología.  Realmente piensan que es científicamente correcta, es decir, que es una ciencia, tal como lo es la medicina, por ejemplo.  Lo cierto es que se trata de una religión, donde impera el “evangelio del yoismo”

Mientras el cristiano considera a Cristo como el centro de su fe, el “Psicoanalismo” (el otro evangelio) coloca en el centro al yo.

Creo que hemos llegado a un punto cuando lo correcto es considerar a la psicología, especialmente el psicoanálisis lo mismo que el chamanismo, el budismo, la brujería, el hinduismo, etc.  De ser así, nosotros los pastores deberíamos de asumir una actitud mucho más drástica.  Estoy considerando seriamente que en nuestra Iglesia Bíblica Misionera, debemos advertir a nuestros jóvenes que la iglesia se verá obligada a separar de la membresía a quienes opten por seguir la carrera de la psicología.  Si no lo hacemos, entonces de nada valen nuestros argumentos, en contra de esta extraña corriente de brujería y paganismo.

Libros tales como Más Allá de la Seducción de Dave Hunt y Psico Herejía de Martín y Deidre Bogan, deberían de ser leídos por todos los pastores y los miembros de nuestras iglesias, especialmente los jóvenes.

Lamentablemente este último parece haberse agotado y no se imprime más.  Esperamos que se vuelva a imprimir.  ¡Es todo un documento sobre este tema!

Comprendo que con lo que digo me estoy cargando con nuevos enemigos, como que me faltan estos.  Son muchos los pastores quienes se sienten muy orgullosos de poseer su título de «Psicólogo».  Los hay seculares y “cristianos”, aunque esto, si fuera ciencia, sería algo así como decir “medicina secular” y “medicina cristiana”.  Tal cosa no puede ser, porque no existe una terapia aplicada por los médicos seculares y otra por los médicos cristianos.  Esto ocurre porque la medicina sí es ciencia, mientras que la psicología no, porque es religión.  Es una mezcla de brujería, budismo, espiritismo, misticismo oriental y ocultismo.  Pero el “paciente” falla porque es “demasiado humilde”, es decir, necesita elevar más y más su autoestima.  Dave Hunt en su libro Más allá de la Seducción, páginas 108, 109 y 110, dice: «De las 10.000 mil terapias, la mayoría tienen el propósito de desencadenar una infinita sabiduría y un infinito poder internos.  La tasa de éxito es baja, lo que lleva a los insatisfechos consumidores a pasar de terapia a terapia, y a los terapeutas a hundirse más y más hondo en técnicas ocultistas.  Reflejando su propia implicación en ocultismo y misticismo oriental, Carl Jung llamó al yo el «dios dentro de nosotros».  Cuando los humanistas se refieren al «dios» o a lo «divino» interior, no se refieren al Espíritu Santo que vive en los pecadores salvados por la gracia por medio de la muerte y resurrección de Cristo; se refieren a un yo deificado que suplanta al Dios de la Biblia.  Es un falso evangelio que no ofrece ninguna verdadera esperanza.

A pesar de su impotencia para proveer ninguna ayuda duradera, los psicoterapeutas a miles han llegado a ser tan parte de la vida como la maternidad o la tarta de manzana.  Por ello, el cristiano medio ni siquiera se da cuenta que consultar a un psicoterapeuta es prácticamente lo mismo que ponerse en manos del sacerdote de cualquier religión rival.  Naturalmente, cuando es practicada por un cristiano, la psicología recibe una legitimación injustificada que engaña a los no avisados.  La falacia sigue siendo falacia, y no es menos peligrosa ni cuando es proclamada o practicada por cristianos.  Por causa de la ingenua aceptación de la psicoterapia como suplemento ‘científico’ a la verdad bíblica que ha sido pasada como ‘curación interior’ o ‘psicología cristiana’, la Iglesia se ha visto atacada por una esquizofrenia espiritual.  Tozer explica: ‘Es en esta cuestión de cómo tratar con la orgullosa, perversa y pecaminosa naturaleza humana que descubrimos dos posiciones dentro del marco de la cristiandad.  Una posición es la que se apoya fuertemente en la práctica de la psicología y de la psiquiatría.  Hay los autodenominados líderes cristianos que insisten en que Jesús vino al mundo para traernos un ajuste de nuestro ego...  De modo que hay miles de remisiones con las que los clérigos pasan nuestros problemas de la iglesia al diván del psiquiatra.

Por otra parte, demos gracias a Dios, la Biblia dice que Jesucristo vino a poner fin al yo, ¡no a educarlo, ni a tolerarlo ni a pulirlo!  Con verdadero arrepentimiento y autorrepudio, podemos dar la espalda a la vieja vida...  Tenemos el derecho y la capacidad de... pasar a la victoria y bendición espiritual... andando gozosos desde aquella hora en adelante bajo la bandera de la cruz de Jesucristo’.

No hay ningún problema emocional que intente tratar la psicología que la Biblia no afirme que Dios mismo ofrece una total curación que puede ser recibida por la fe.  Confiar en Dios y obedecer su Palabra lleva a la liberación de la ansiedad que parece colgar sobre este mundo como una nube.   Elisabeth Elliot conoció el terror de la ansiedad y la desesperanza durante aquellas horas de espera, sólo para saber que su esposo Jim y sus cuatro compañeros habían sido enviados al cielo con las lanzas de los aucas.  Ella experimentó su fragilidad y temores de otra clase al emprender aquel peligroso viaje por la jungla para vivir con los asesinos de su esposo y finalmente ver la conversión de ellos a Cristo. En una entrevista dijo: ‘Durante todos los años que he explicado la historia (de los aucas, ver Portales de esplendor.  Editorial Portavoz) y he reflexionado sobre ella a la luz de la experiencia posterior, resplandece una lección por encima de todas las demás: Dios es Dios.  Si Él es Dios, es digno de mi adoración, de mi confianza, de mi obediencia.

Yo soy sólo una hija, Él es mi Padre.  Él no me lo explicará todo, pero puedo encontrar descanso en su gloriosa voluntad.  Su voluntad es infinita, inmensurable, inenarrablemente mucho más que mis más grandes conceptos de lo que Él está haciendo, pero en ninguna otra parte encuentro reposo’

Cosa extraña, sin embargo, hay un número grande de cristianos que se encuentran viviendo bajo la misma nube de ansiedad que acosa al mundo, y no parece que sepan cómo volverse al resplandor del amor de Dios.  Muchos buscan ayuda psicológica porque parece ofrecerles una vía de escape del dolor que a menudo acompaña al crecimiento espiritual»

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