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El gran salto de Josué en el tiempo

Por extraño que pueda parecer, en la actualidad muchos científicos y organizaciones dedicadas a la ciencia, están llevando a cabo experimentos con los viajes en el tiempo. La teoría matemática avanzada sugiere que el tiempo y el espacio pueden ser manipulados en varias formas.

No debe sorprendernos que la Biblia ofrezca la más grandiosa ilustración de este hecho. Como lo veremos más adelante, está dada en la orden que llevara a cabo Josué. No obstante, en estos últimos días cuando la ciencia escrupulosamente evita la evidencia que presenta una figura bíblica como Josué, se están proponiendo métodos que permiten una seria investigación en el desplazamiento actual del tiempo.

En las últimas décadas la humanidad ha terminado por reconocer que el universo natural está construido en forma matemática, que es un delicado balance de campos de energía y fuerzas de atracción y repulsión. Copérnico vio que los planetas giraban alrededor del sol. Las leyes del movimiento de Sir Isaac Newton le dieron al universo la regularidad de un reloj. Para él, el tiempo era una constante universal incambiable.

Paul Davies es profesor de filosofía natural en el Centro Australiano de Astrobiología de la Universidad Macquarie. Previamente ocupó cargos académicos en astronomía, física y matemáticas en las universidades de Cambridge, Londres, Newcastle Upon Tyne y Adelaida. Sus investigaciones han tocado los campos de la cosmología, gravitación, y teoría cuántica de campos, con un énfasis particular en los agujeros negros y el origen del universo. Su monográfico Campos cuánticos en un espacio curvo, cuyo coautor fue el entonces estudiante Nicholas Barrel, sigue siendo ampliamente consultado. Davies también está interesado en la naturaleza del tiempo, la física de partículas de alta energía, los fundamentos de la mecánica cuántica, el origen de la vida y la naturaleza de la conciencia.

Además de sus investigaciones, el profesor Davies es bien conocido como autor, comunicador y conferencista. Ha escrito más de 25 libros, tanto de divulgación como trabajos de especialidad. Sus obras han sido traducidas a más de veinte idiomas. Entre sus trabajos más conocidos están Dios y la nueva física, El plano cósmico, La mente de Dios, Los últimos tres minutos, sobre el tiempo y ¿Estamos solos? Su último libro tiene el modesto nombre de ¿Cómo construir una máquina del tiempo? En él cita el punto de vista de Newton del tiempo como «absoluto, verdadero y matemático, fluyendo uniformemente sin relación a ninguna cosa externa».

Daviesescribe: «Cada uno aceptó sin cuestionar como su definición preferida, que el tiempo es lo mismo en todas partes y para todo el mundo. En otras palabras, que es absoluto y universal. Lo cierto es que deberíamos sentir el paso del tiempo de manera diferente, de acuerdo con nuestra disposición de ánimo, aunque el tiempo en sí mismo es simplemente tiempo. El propósito del reloj es registrar objetivamente el tiempo».

Luego pasa a detallar lo que todo el mundo sabe, que el tiempo es pasado, presente y futuro. El presente es el ahora, y el ahora es lo mismo para todo el mundo. Como todos los físicos modernos está en completo desacuerdo con esta percepción más común, la considera «errónea, seria y profundamente equivocada».

En 1905 Albert Einstein publicó su revolucionaria Teoría especial de la relatividad. En ella predijo lo que ha llegado a ser conocido como «dilatación del tiempo», permitiendo así que la humanidad pudiera echar su primera ojeada al extraño mundo de la velocidad de la luz y la dimensión.

Él notó que si la velocidad de la luz permanece constante a pesar del movimiento de esos que viajan en medio de ella, y los experimentos han demostrado que es así, entonces algo más tiene que “dar”, y ese algo es el tiempo. Las matemáticas detrás de esa verdad son enormemente complejas para la persona promedio. Pero es extremadamente importante notar que la verdad de su postulado ha sido demostrada repetidamente en experimentos claros.

En su libro Viajes en el tiempo en el universo de Einstein, J. Richard Gott describe el primero de tales experimentos: «En 1971, los físicos Joe Hafeley Richard Keating demostraron la disminución del tiempo de que habla Einstein, en objetos en movimiento. Llevaban relojes atómicos bastante exactos en un avión que viajaba en dirección este alrededor del mundo, una jornada en la cual la velocidad del aeroplano se sumaba a la rotación de la tierra. Los físicos observaron cuando regresaron, que los relojes avanzaron ligeramente más despacio (unos 59 nanosegundos) con relación a los relojes en tierra. Una observación que estaba en exacto acuerdo con las predicciones de Einstein. Debido a la rotación, la tierra también se mueve, pero no tan rápido. Los relojes en tierra andan más lentos que esos en el avión».

En otras palabras, a mayor velocidad, el tiempo pasa más lento. Si tenemos dos relojes perfectamente sincronizados, y ponemos uno en un cohete supersónico, cuando el reloj vuelva a nuestras manos se notará que la hora que marca este reloj será inferior a la hora que marca el reloj que permaneció en tierra sin moverse. Pero este paso más lento del tiempo es sólo aparente, si una persona viajara junto con el reloj no le sería posible percibir ninguna alteración en el paso del tiempo, ya que el paso del tiempo en este caso es “relativo” con relación al observador.

Por extensión, dos seres humanos (uno en la tierra y el otro en un cohete espacial que viaje casi a la velocidad de la luz) tendrán diferentes signos vitales. En la ilustración clásica se trata de dos gemelos fraternos, exactamente iguales. El ritmo cardíaco del que viaja en el espacio a la velocidad próxima a la luz, será más lento al igual que su tasa metabólica, en relación con su hermano que está en tierra firme. Después que el astronauta complete un viaje de ida y vuelta a la estrella más cercana, regresará para encontrar, no a su hermano gemelo, sino a un anciano que le espera para darle la bienvenida.

Una vez más debemos aclarar que una ilustración tan extravagante tal como esta, no es simple imaginación. Los astronautas de la NASA de la Estación Internacional del Espacio, que han pasado años orbitando la tierra, están envejeciendo a una tasa ligeramente menor que esos que se encuentran abajo en tierra. Debido a la tasa tan alta de velocidad, experimentan lo que para nosotros es una tasa menor de tiempo.

Sin embargo, ellos perciben el paso del tiempo en forma normal. En su entorno, los relojes y los procesos físicos tienen lugar a la misma tasa como si estuvieran en tierra.

Hay dos ideas importantes que operan aquí. Una es que no hay un «ahora» que se pueda definir universalmente. El presente, al cual nosotros llamamos «ahora», es un fenómeno local, gobernado por la tasa de velocidad en nuestro universo local.

La otra, es que los astronautas que salen de la tierra y viajan a grandes velocidades, tal vez aproximándose a la velocidad de la luz, ¡están avanzando hacia el futuro! Como ya hemos dicho, después de regresar a la tierra sus relojes biológicos marcharon más lentamente en relación con quienes están en la tierra. A su retorno, de un viaje tal como el que hemos visto anteriormente, ¡podrían regresar a la tierra 20 ó 30 años en el futuro!

Muchos físicos sostienen que esta idea no sólo es verdadera, sino que se puede probar, si se cuenta con la habilidad para viajar a grandes velocidades. Pero tal como señala el doctor Davies «los viajes a velocidades extremas y la dilatación gravitacional del tiempo pueden ser usados sólo para avanzar en el tiempo. Pero así como el futuro se encuentra ciertamente allí, de la misma forma también está el pasado para poder visitarlo. El truco consiste en deducir la forma para lograrlo».

Luego añade: «Ciertamente, el viaje en el tiempo hacia el pasado es lógicamente posible, y no conocemos nada en la física actual que lo impida. Pero lo cierto es que nos conduce a unos efectos muy extraños, tan extraños que muchos físicos creen que debe existir alguna razón, aún desconocida, que lo impide».

Según él, eso aparentemente imposible que impide visitar al pasado, tiene que ver con el descubrimiento de un lugar en donde los campos gravitacionales están firmemente arreglados en tal forma que actúan como una especie de honda, de un tirador gigantesco que catapulta al viajero del tiempo a una velocidad superior a la de la luz. Luego que se logra esto, la nave espacial entra en una especie de time loop, una situación en la cual el tiempo avanza normalmente por un período determinado de tiempo, usualmente un día o unas horas, para luego retornar y repetirse como si se tratara de un disco rayado. Teóricamente, es entonces posible usar la manipulación de la velocidad, para dirigirse en una u otra dirección hacia el lugar a donde se quiere ir.

En una de las películas de Viaje a las estrellas, la nave espacial Enterprisese acerca bastante al sol a fin de obtener impulso y propulsarse en una órbita más rápida que la velocidad de la luz capaz de llevar a la intrépida tripulación de regreso al siglo veinte a fin de salvar las ballenas extintas. Habiendo obtenido una pareja de ballenas, el capitán Kirk ejecuta una maniobra similar, aunque supuestamente ésta es ligeramente inferior a la velocidad de la luz, para que los lleve de regreso al futuro. Allí las ballenas son devueltas al océano donde cantan una canción que aplaca a una sonda intergaláctica airada. Tales incursiones ficticias, y hoy hay muchas, enfatizan el deseo profundo de la humanidad de avanzar fuera del progreso ordinario de eventos para salvar al mundo de un millón de desastres imaginarios. En algún lugar, bien profundo en su propia alma, el hombre está consciente de que el tiempo y el espacio pueden ser manipulados.

En teoría se puede usar la velocidad, un poco menor a la de la luz para “dar un salto hacia adelante en el tiempo”. Por otra parte, el viajar más rápido que la luz produce una jornada “de retroceso en el tiempo”. El pensamiento en todo esto es que el tiempo no es constante, todo depende del punto de observación individual para percibir el flujo de los eventos.

La constante universal

Como muchos otros quienes implícitamente creen en la Biblia, nosotros creemos que los seis días de la creación fueron días literales de 24 horas. Este es un artículo fundamental de fe. Sin embargo, como ya hemos visto, el tiempo puede dilatarse considerablemente. Algunos han dicho que podría ser incluso más extenso que 24 horas, refiriéndose con esto a lo que dice Salmos 90, el cual menciona la forma cómo Dios percibe el tiempo: “Porque mil años delante de tus ojos son como el día de ayer, que pasó, y como una de las vigilias de la noche” (Sal. 90:4).

Pero... ¿Debemos aceptar esta declaración como literal? Tal pareciera que no, aun cuando la distancia de “ayer” a hoy sea 24 horas. Pero, ¿cuán extensa es una vigilia de la noche? Dependiendo de la temporada del año y de la latitud donde uno se encuentre, puede ser de seis a 24 horas. La idea que se expresa en este salmo de Moisés es que el tiempo desde la perspectiva de Dios, de alguna forma es más corto que desde la nuestra. Es decir, que él no experimenta el tiempo en la misma forma que lo hace el hombre mortal. Como ya hemos visto, la ciencia de la física hoy considera la luz como una constante, y el tiempo como maleable. Recordemos que 1 Juan 1:5 dice: “...Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él”. Si él es luz, entonces es constante. De manera interesante, la velocidad de la luz se representa matemáticamente como «c», por «constante». La mayoría está familiarizado con la famosa fórmula de Einstein: energía es igual a la masa, por la velocidad de la luz al cuadrado E = mc2.

La Biblia asegura que Dios existía desde antes de crear nuestra línea de tiempo. Él está en completo control de ella. Desde dentro de sus confines, o desde afuera, en el reino de la eternidad, el Señor puede ver lo que nosotros llamamos «tiempo» como rápido, lento o estacionario.

Él les mostró a sus profetas una vista clara de la línea del tiempo, ya fuera para recordarle a su pueblo sus fechorías pasadas, su pecado presente o su juicio futuro. Los escritos de ellos revelan los períodos de tiempo indefinidos del pasado, tal como la caída de Satanás, quien es descrito como “Lucero” en el capítulo 14 de Isaías o como “el rey de Tiro” en el capítulo 28 de Ezequiel. También manifiestan las cosas ocultas del presente, como cuando los Profetas Menores exponen los pecados de los reinos del norte y del sur. Y cuando hablaron de las profecías del futuro “día del Señor” y más allá en la edad del reino.

Obviamente, la humanidad vive dentro del escenario de 24 horas diarias, meses, años y siglos. Ha sido colocada deliberadamente en este medio para su instrucción y prueba.

Regresando por un momento al Salmo 90, vemos que sus 17 versículos están arreglados en una forma que rememoran los siete días de la creación. Escrito por Moisés, este salmo asocia estos primeros días a la vida de un ser humano. Comienza con la creación de la tierra. Luego habla de las aguas sobre la tierra. Después, recuerda la creación de la vegetación, el sol, las estrellas y los planetas, la creación animal y finalmente la del propio hombre. Concluye con el pensamiento de que el llamado más alto del hombre es adquirir la sabiduría de Dios: Señor, tú nos has sido refugio de generación en generación. Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios. Vuelves al hombre hasta ser quebrantado, y dices: Convertíos, hijos de los hombres. Porque mil años delante de tus ojos son como el día de ayer, que pasó, y como una de las vigilias de la noche. Los arrebatas como con torrente de aguas; son como sueño, como la hierba que crece en la mañana. En la mañana florece y crece; a la tarde es cortada, y se seca. Porque con tu furor somos consumidos, y con tu ira somos turbados. Pusiste nuestras maldades delante de ti, nuestros yerros a la luz de tu rostro. Porque todos nuestros días declinan a causa de tu ira; acabamos nuestros años como un pensamiento. Los días de nuestra edad son setenta años; y si en los más robustos son ochenta años, con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, porque pronto pasan, y volamos. ¿Quién conoce el poder de tu ira, y tu indignación según que debes ser temido? Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría. Vuélvete, oh Jehová; ¿hasta cuándo? Y aplácate para con tus siervos. De mañana sácianos de tu misericordia, y cantaremos y nos alegraremos todos nuestros días. Alégranos conforme a los días que nos afligiste, y los años en que vimos el mal. Aparezca en tus siervos tu obra, y tu gloria sobre sus hijos. Sea la luz de Jehová nuestro Dios sobre nosotros, y la obra de nuestras manos confirma sobre nosotros; sí, la obra de nuestras manos confirma” (Sal. 90:1-17).

En este salmo de Moisés, los días de la creación son reinterpretados como una instrucción para el hombre justo que busca la sabiduría de Dios. El propósito de Moisés es colocar al hombre en el recuento del Génesis de los seis días de la creación, en los cuales originalmente, ni siquiera fue un factor, ya que no estaba para nada presente. El Salmo 90 lo coloca en el contexto de esos seis días, pero él debe esforzarse para entender: “Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría” (Sal. 90:12).

No fue, sino hasta el sexto día que Adán recibió el aliento de vida, y sólo al propio fin de una secuencia de eventos durante los cuales Dios creó el universo.

Un despliegue en el tiempo, e imaginación

Pero... ¿Son los días de la creación literalmente 24 horas por día? De acuerdo con el doctor Gerald R. Schroeder, autor de La ciencia de Dios, así es. Pero el doctor Schroederva más allá, al expresar el punto de vista de los cosmologistase intentar reconciliar una creación que parece tener casi 15.000 millones de años de antigüedad.

Él dice: «Profundo en el Salmo 90, está la verdad de una realidad física: de que los seis días del Génesis de hecho contenían los miles de millones de años del cosmos, incluso mientras los días permanecían siendo de 24 horas».

Al doctor Schroederse le describe como un «... teólogo aplicado con doctorados del Instituto Tecnológico de Massachusetts». En resumen es un matemático brillante que cree tanto en el relato bíblico de la creación como en la evaluación teórica de la física contemporánea. Declara que cree en una creación que tiene tanto siete días de 24 horas de duración, como 15.000 millones de años. Pero... ¿Cómo puede ser eso posible?

Usando cálculos demasiado complejos para mencionarlos en estos artículos, el doctor Schroederpostula la siguiente idea, dice: «Sabemos tres hechos con completa certeza acerca de la descripción del tiempo en la Biblia:

• El calendario bíblico está dividido en dos secciones: los primeros seis días de Génesis y todo el tiempo de allí en adelante. Esos seis días no están y nunca han estado incluidos en el calendario de los años, que siguen a Adán.

• El tiempo en el calendario bíblico después de Adán debía basarse en la tierra. La arqueología prueba esto. Las dataciones radiactivas de los descubrimientos arqueológicos relacionados con el período después de Adán, tal como el inicio de la edad del bronce, el comienzo de la escritura, la batalla de Jericó, corresponden estrechamente con las fechas derivadas del calendario bíblico para esos mismos eventos. La decadencia radiactiva tuvo lugar aquí en la tierra, en tiempo terrenal. Ya que las fechas son una buena forma de comparación, las fechas correspondientes de la Biblia deben usar también un calendario basado en la tierra. Después de Adán no hay efectos de relativismo bíblico o dilatación de tiempo.

• Lo más importante de todo, sabemos que no hay forma posible para que esos primeros seis días hubieran tenido una perspectiva basada en la tierra, simplemente porque durante los dos primeros días de esos seis, no había tierra. Tal como declara Génesis 1:2: ‘Y la tierra estaba desordenada y vacía...’»

El doctor Schroeder como todos los físicos modernos, postula que el universo se originó como una pelota diminuta de plasma caliente. Rápidamente se expandió en la realidad que vemos como galaxias, estrellas y espacio abierto. Conforme se enfrió y rápidamente se expandió, se agrupó en anomalías gravitacionales locales, las cuales se movían a velocidades diferentes. Él dice que estas condiciones locales diferentes, y como la velocidad de la luz es constante, fluían a tasas diferentes de tiempo.

Y escribe: «Esta inmensa extensión de espacio desde la gran explosión tiene grandes implicaciones para nuestro reloj cósmico. Ondas de radiación que se han propagado en el espacio desde comienzos del universo, se han ensanchado y expandido en la misma proporción que se ha extendido el universo. Por ejemplo, conforme el universo se duplicó en tamaño, la distancia entre las crestas de las olas, y por lo tanto el tiempo entre el tic tac de su reloj, también se duplicó en la misma proporción, como las olas se fueron extendiendo por el espacio en expansión. Para ese reloj, el tiempo pasaba a la mitad de su tasa original».

De tal manera, que la extensión del universo primitivo resultó en una reducción de tiempo medido por un reloj en la tierra. Schroederenfatiza que al medir la edad del universo, estamos en realidad mirando retrospectivamente en el tiempo, desde la perspectiva de un reloj de la tierra moviéndose a una tasa establecida por las condiciones desde Adán. A esto él le llama «vista local».

Por otra parte, el reloj antes de Adán tenía una perspectiva diferente, y dice el señor Schroeder: «El reloj bíblico antes de Adán no es un cronómetro vinculado a ningún sitio. Es un reloj que espera con interés en tiempo desde la creación, abarcando el entero universo, un reloj universal en armonía con la radiación cósmica en el momento cuando se formó la materia».

Luego llega el punto principal de Schroeder: «Este reloj cósmico registra el paso de un minuto, mientras que nosotros en la tierra experimentamos millón de millón de minutos». Luego añade: «Los dinosaurios gobernaron sobre la tierra por 120 millones de años... tal como es medido conforme a nuestra percepción del tiempo... En esta proporción de millón de millón a uno, esos 120 millones de años de la tierra duraron sólo una simple hora».

Usando una técnica especial, lleva los días de la creación hasta una duración de tiempo que es bastante familiar para cualquier lector de la Biblia. Dice: «En términos de días, años y milenios, esta extensión de la percepción cósmica del tiempo por un factor de un millón de millón, la división de 15.000 millones de años por un millón de millón reduce esos 15.000 millones de años a seis días».

Y agrega: «Tanto el Génesis como la ciencia están correctos. Cuando uno pregunta si los seis días de 15.000 millones de años pasaron antes de que apareciera la humanidad, la respuesta correcta es ‘sí’».

La explicación de la dilatación científica de Schroeder de este hecho, debe ser estudiada cuidadosamente por los laicos. Sé que todo lo expuesto es bastante complejo, aun para mí. Si está o no en lo correcto, lo cierto es que él deja un punto claro: Antes de la creación de Adán, todo el tiempo era visto a través de los ojos de Dios, mirando hacia adelante a la creación. Desde este punto de vista, el primer día fue de 24 horas, o “la tarde y la mañana”. Desde la perspectiva presente de la tierra, mirando retrospectivamente, el cálculo de Schroeder muestra ese mismo día como de una duración de 8.000 millones de años. Desde el punto de vista de Dios, cada uno de los seis días fue “la tarde y la mañana”, es decir, 24 horas.

Desde la perspectiva del hombre, los días fueron de una duración de miles de millones de años, cada uno más corto que el otro, conforme disminuía la expansión del universo. El segundo día fue de 4.000 millones de años, el tercero de 2.000 millones, el cuarto de 1.000 millones, el quinto 500 millones, el sexto 250 millones. Tomados juntos los seis días nos dan un total de 15.750 millones de años.

Pero como Dios ve todo esto desde su posición objetiva, son seis días de 24 horas. Tal como dice la Escritura y se entiende comúnmente, Dios creó al hombre en el sexto día. A partir de ese momento, el tiempo comenzó a ser reconocido conforme a la perspectiva de Adán. Nosotros, su progenie, desde entonces hemos calculado el tiempo de conformidad con la perspectiva local del sol, luna, planetas y estrellas. Y Dios descansó en el séptimo día.

Escuchando retrospectivamente las palabras del Salmo 90, esos mil años que Dios experimenta en la misma forma como nosotros sentimos que ha transcurrido un solo día, no debemos tomarlos como mil años literales. Sabemos que Dios opera aparte del tiempo, pero que tiene acceso a la entera línea del tiempo de la creación. Por consiguiente, sería más exacto parafrasear Salmo 90:4 en la siguiente forma: «Ante tus ojos, mil años son como el ayer cuando ya pasó y como una vigilia en la noche». Tanto el ayer como la vigilia, son períodos indeterminados de tiempo. Por consiguiente, este versículo no opera como una fórmula matemática, en la cual se pueden calcular valores finitos.

Más bien, la intención es que un período largo de tiempo, por muy largo que pueda ser, es prácticamente nada para Dios. Pedro toma y expande esta misma idea, pero en su caso usa la metáfora de un día de mil años para presentar la teoría del día milenial, de que los siete días de la creación se reflejarán en siete milenios de historia humana, de que ellos proveen un modelo al hombre para la historia de las edades: “Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento. Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas” (2 P. 3:8-10).

Aquí Pedro mira proféticamente hacia “el día del Señor”. Ese día será de mil años de duración, comenzará con el período de la tribulación y llegará a su conclusión cuando Satanás quede en libertad y salga a engañar a los hombres que moren en la tierra a la conclusión del milenio.

El día milenial no es la forma cómo Dios experimenta el tiempo. Más bien es un patrón de desarrollo, basado en el modelo que usó en la creación original de nuestro universo. Ciertamente, Pedro no está diciendo que hay una proporción fija, en este caso de 365 mil 240 a una, entre la experiencia de Dios y la nuestra. Pero nuevamente, es cosa segura que Dios ve y experimenta el tiempo en una forma completamente diferente a como lo vemos nosotros. Desde nuestra perspectiva, opera a una tasa determinada. Desde la suya, a no dudar es infinitamente flexible.

El día largo de Josué

Una ilustración excelente de esto se encuentra en el libro de Josué. Allí encontramos un relato que hace que forcemos nuestra imaginación al máximo. ¡El relato de la Escritura requiere que creamos que el sol de hecho se detuvo en medio del firmamento, permitiendo así que las tropas de Josué tuvieran un tiempo extra para derrotar a sus enemigos! En el contexto de nuestra presente línea de pensamiento, aparentemente el Señor de alguna forma influenció el tiempo en sí, a fin de ayudar a los ejércitos de Josué.

Son varios los escritores que han tratado de explicar este milagro en términos científicos. Las explicaciones naturalistas al respecto se han enfocado en una interacción planetaria que retrasó la rotación de la tierra por un breve tiempo. Debemos examinar estas explicaciones, luego presentar la posibilidad de que el tiempo fue extendido, tal como acabé de explicar, para producir el efecto descrito en la Biblia. El recuento de este fenómeno prodigioso está dado en Josué 10:11-14, cuando las tropas de Josué derrotaron los ejércitos de cinco reyes en Gabaón: “Y mientras iban huyendo de los israelitas, a la bajada de Bet-horón, Jehová arrojó desde el cielo grandes piedras sobre ellos hasta Azeca, y murieron; y fueron más los que murieron por las piedras del granizo, que los que los hijos de Israel mataron a espada. Entonces Josué habló a Jehová el día en que Jehová entregó al amorreo delante de los hijos de Israel, y dijo en presencia de los israelitas: Sol, detente en Gabaón; y tú, luna, en el valle de Ajalón. Y el sol se detuvo y la luna se paró, hasta que la gente se hubo vengado de sus enemigos. ¿No está escrito esto en el libro de Jaser? Y el sol se paró en medio del cielo, y no se apresuró a ponerse casi un día entero. Y no hubo día como aquel, ni antes ni después de él, habiendo atendido Jehová a la voz de un hombre; porque Jehová peleaba por Israel” (Jos. 10:11-14).

¿Cómo podemos creer en este recuento? Para que el sol se detenga por “casi un entero día” se requiere que la tierra pare completamente su rotación, tal vez por ocho a diez horas. Esto significa que las leyes de movimiento e inercia tienen que suspenderse todas por encima de la tierra. ¡Si el planeta detuviera de súbito su rotación, todo las cosas sobre su superficie saldrían disparadas a una velocidad de miles de kilómetros por hora! Toda la vida quedaría catastróficamente destruida. ¡Obviamente nada de esto ocurrió!

En lugar de eso, Josué y sus tropas usaron el tiempo extra para derrotar al enemigo completamente. Ciertamente, Dios puede y de hecho llevó a cabo este milagro. Pero... ¿Cómo? Muchos hombres han buscado una explicación en el reino de lo natural.

En su libro publicado en 1950, titulado Mundos en colisión, el escritor Immanuel Velikovsky examinó varios eventos históricos pasados y concluyó que las antiguas órbitas de Marte y Venus, aproximaron estos planetas tan cerca de la Tierra, que en varias ocasiones, la rotación de la Tierra redujo su velocidad, ¡y que en el caso de Josué virtualmente se paró del todo!

El mencionó que la experiencia de Josué fue más probablemente atribuida a un gran cometa, el cual chocó contra Marte, desplazándolo de su órbita. Esto hizo que se aproximara a la Tierra, ocasionando grandes catástrofes. En particular, dijo que la extraña experiencia del ejército de Josué sólo podía ser explicada por una aproximación extremadamente cercana de Marte a la Tierra.

Escribe: «De acuerdo con el conocimiento de nuestra edad (no a la edad cuando se escribió el libro de Josué o Jaser) esto pudo haber ocurrido si la tierra hubiera cesado por un tiempo de girar y desplazarse a lo largo de su curso prescrito. ¿Es concebible esta perturbación? Ningún registro de la más leve confusión se encuentra registrado en los anales actuales de la tierra. Cada año consiste de 365 días, cinco horas y 49 minutos.

Es impensable que pueda tener lugar una desviación de la tierra de su rotación regular, excepto en el evento improbable de que nuestro planeta se topara con otro cuerpo celestial de suficiente masa para interrumpir el curso eterno de nuestro mundo».

Tanto Velikovsky como el libro de Josué hacen mención al “libro de Jaser”. El recuento dado en este libro apócrifo le añade algunos detalles a la narrativa. Y dice en parte: «Y el Señor los confundió ante los hijos de Israel, quienes los destruyeron con una terrible matanza en Gabaón, y los persiguieron a lo largo de la ruta que va desde Bet-Horón-hasta Maceda, y ellos huyeron delante del pueblo de Israel. Y mientras estaban huyendo, el Señor envió sobre ellos granizo del cielo, y murieron más por el granizo, que por la matanza de los hijos de Israel. Y el pueblo de Israel los persiguió, y todavía los destruyó en el camino, y mientras avanzaban seguía destruyéndolos. Y cuando fueron destruidos, el día estaba declinando hacia la tarde, y Josué dijo a la vista de todo el pueblo: ‘Sol deténte sobre Gabaón y tú luna, en el valle de Ajalón, hasta que la nación se haya vengado de sus enemigos’. Y el Señor escuchó a la voz de Josué, y el sol se detuvo en medio de los cielos, y permaneció detenido seis y treinta momentos, y la luna también permaneció detenida y se apresuró a no descender por un día entero. Y no hubo día como ese, antes o después que el Señor atendió a la voz del hombre, porque el Señor peleó por Israel» (Jaser 88:60-65).

Si los 36 momentos fueron de 15 minutos cada uno, tenemos un período de nueve horas. Hoy nadie sabe por seguro lo que ellos representan. Velikovsky dijo que el granizo de gran tamaño, fue el producto de la perturbación atmosférica causada por la aproximación de Marte. Otro escritor, Donald Wesley Patten en su libro publicado en 1988 Catástrofes y el Antiguo Testamento, creía que los encuentros entre Marte y la Tierra tuvieron lugar en una base regular.

Él escribe: «La catástrofe fue también causada por la proximidad de Marte, tal vez entre 40.235 a 48.280 kilómetros de distancia. Fue un desplazamiento de su órbita en dirección al sol, durante la mañana, hora de Jerusalén. Ocurrió en la mañana del 24 de octubre del año 1404 antes de Cristo. Fue en el aniversario 1080 del diluvio de Noé. También tuvo lugar en el aniversario 540 de la Torre de Babel.

Durante este vuelo tan cercano, la Tierra se comportó como un giróscopo experimentando la precesión. Un giróscopo es una esfera giratoria, una precesión es el bamboleo del planeta, la inclinación hacia un lado y hacia el otro mientras hace su recorrido orbital. Estas propiedades son inherentes a todos los cuerpos en rotación, incluida la Tierra. Marte, al aproximarse le puso toda su fuerza gravitacional de torsión sobre el eje giratorio de la tierra... Además de la precesión sobre el eje giratorio y las torsiones, también hubo deslizamientos en la corteza terrestre».

Patten postula que la torsión, y el que la corteza terrestre se deslizara por encima mientras en su interior la tierra seguía girando a la misma tasa de su órbita solar, hizo que pareciera como si la tierra se hubiera detenido. Si ocurrió esto, tal vez sea un milagro mucho mayor que el que Dios hubiera detenido la rotación de la tierra.

Flavio Josefo, el historiador judío del primer siglo tenía su propia versión sobre el asunto, lo cual aparentemente consideró como algo casi increíble, pero lo mencionó como un hecho real, dijo en Antigüedades de los Judíos, libro quinto, capítulo uno, parágrafo 17: «Aquel sitio se llama Bezerón; allí también supo que Dios lo había asistido, lo que declaró con truenos y relámpagos, como por la caída de granizo más grande que el habitual. Además sucedió que el día se prolongó, y la noche no llegó demasiado rápido para no ser obstáculo al fervor con que los hebreos perseguían al enemigo; de este modo Josué pudo apresar a los reyes, que se habían escondido en una cueva de Maceda, y les dio muerte. El hecho de que el día se hubiese prolongado, siendo más largo que de costumbre, figura en los libros guardados en el Templo».

Obviamente, Josefo creía en la explicación dada en esos “libros guardados en el Templo”. Sentía que tenían suficiente autoridad para darle credibilidad a la historia. Nosotros igualmente creemos. Más que eso, es nuestra creencia que el Señor Dios, como creador, es el verdadero autor del tiempo, es su Señor.

Por consiguiente, no tenemos que esforzarnos para creer que el evento ocurrido en Bet-horón, es solamente una dilatación del tiempo. Si Dios simplemente aisló la línea de tiempo de Israel antiguo, de la línea de tiempo del sistema solar, pudo causar el acontecimiento descrito en la Biblia. En todo no se habría requerido ninguna interacción planetaria.

Permítame exponer cómo pudo haber ocurrido. Cuando Josué perseguía a los ejércitos de los cinco reyes, la noche se acercaba. Si llegaba la noche, el remanente de fuerzas enemigas podía escapar y reagruparse al día siguiente... tal vez para lanzarse en un ataque exitoso en contra de las tropas de Josué.

De que ya era tarde en el día puede verse claramente en el hecho que la luna ya se veía sobre el valle de Ajalón. Con el sol en el occidente y la luna en el oriente, sería fácil para Josué y sus hombres determinar cualquier cambio angular, conforme una ascendía y el otro descendía.

Luego el Señor le habló. La respuesta de Josué, casi por acuerdo universal, es una cita tomada del libro de Jaser. Él abiertamente le ordenó al sol que se detuviera. Creía en Dios quien le había dicho: “No tengas temor de ellos; porque yo los he entregado en tu mano, y ninguno de ellos prevalecerá delante de ti” (Jos. 10:8).

Luego ocurrió una cosa extraña, de súbito Josué tuvo el tiempo que necesitaba para completar su victoria. Por otra parte, el tiempo celestial se había detenido. Aunque el granizo de gran tamaño había diezmado al enemigo fue necesario que las tropas de Josué terminaran con él.

Para Josué y sus enemigos canaanitas, el tiempo transcurrió de manera normal. Si hubieran contado ese tiempo con un reloj, Josué habría registrado que los minutos y las horas transcurrían en forma normal. De alguna forma, esta zona de tiempo había sido aislada de la zona de tiempo del sistema solar, llegando a detenerse por completo. Josué, y tal vez todos los ciudadanos vivos de la tierra, habían avanzado varias horas en el futuro, mientras que el sistema solar permanecía estacionario. Tal parece que Dios a voluntad, puede aislar cualquier localidad del universo y controlar el flujo del tiempo.

¿Le parece una idea extravagante? No de acuerdo a la física moderna, la cual cuenta con la matemática para probar que la percepción del tiempo está en armonía con el lugar inmediato que nos rodea. Tal como explicara anteriormente, la física contemporánea considera el tiempo como arbitrario.

En efecto, los israelitas “ganaron tiempo” al avanzar mientras el sistema solar se detuvo. Pero entonces, ¿qué le ocurrió al tiempo acumulado que creó el milagro?

El reloj de Acaz

Tenga en mente que el evento que permitió que tuviera lugar la victoria de Josué tuvo lugar en el siglo XV A.C. Hasta donde sabemos, por siglos después de eso, el pueblo de Israel vivía sus días como normales, a pesar de que habían avanzado en el futuro por varias horas. Sin saberlo ellos cargaron a lo largo de los años un excedente de tiempo.

Pero es muy probable que no se dieran cuenta de esto, como tal. No hay registro de que nadie se lamentara del hecho que Israel había experimentado un desplazamiento del tiempo. Sin embargo, hay un registro de una pérdida subsecuente de tiempo.

Ocurrió en los días del rey Ezequías, a finales del siglo VIII A.C. Habían transcurrido casi 750 años desde ese día largo en que tuvo lugar la victoria de Josué. Ahora, en el año 710 A.C., Isaías le informa a Ezequías que morirá pronto. Pero no sólo eso, simultáneamente los asirios amenazaban al reino.

Sin embargo, Ezequías oró y pronto después de eso, Isaías llegó a informarle que el Señor había escuchado su oración: “Entonces vino palabra de Jehová a Isaías, diciendo: Ve y di a Ezequías: Jehová Dios de David tu padre dice así: He oído tu oración, y visto tus lágrimas; he aquí que yo añado a tus días quince años. Y te libraré a ti y a esta ciudad, de mano del rey de Asiria; y a esta ciudad ampararé. Y esto te será señal de parte de Jehová, que Jehová hará esto que ha dicho: He aquí yo haré volver la sombra por los grados que ha descendido con el sol, en el reloj de Acaz, diez grados atrás. Y volvió el sol diez grados atrás, por los cuales había ya descendido” (Is. 38:4-8).

No sólo la plegaria de Ezequías fue respondida, sino que estuvo acompañada por una gran señal. Se cree que el gran dial que marcaba la hora en el reloj de Acaz era un obelisco que proyectaba su sombra sobre una serie de escalones elevados al oriente y al occidente.

Cada uno de esos escalones representaba un incremento de tiempo. Tal vez estos incrementos eran de media hora cada uno, quizá más, nadie lo sabe por seguro.

Cuando la sombra del gran obelisco retrocedió diez grados o «escalones» en el hebreo, hizo que el reloj de Israel retrocediera aproximadamente entre cinco a ocho horas, o tal vez más. Esto que voy a mencionar es simple especulación, tal como han hecho otros. Ya que me pregunto: ¿No sería acaso que entonces el reloj de Israel se corrigió en sentido contrario por exactamente el mismo tiempo que había avanzado en el día de Josué? Esto ciertamente tendría sentido.

Tenemos una clave para este efecto en un recuento paralelo de la gran señal de Ezequías, tal como está dado en el segundo libro de Reyes: “Y Ezequías había dicho a Isaías: ¿Qué señal tendré de que Jehová me sanará, y que subiré a la casa de Jehová al tercer día? Respondió Isaías: Esta señal tendrás de Jehová, de que hará Jehová esto que ha dicho: ¿Avanzará la sombra diez grados, o retrocederá diez grados? Y Ezequías respondió: Fácil cosa es que la sombra decline diez grados; pero no que la sombra vuelva atrás diez grados. Entonces el profeta Isaías clamó a Jehová; e hizo volver la sombra por los grados que había descendido en el reloj de Acaz, diez grados atrás” (2 R. 20:8-11).

Pero... ¿Por qué Ezequías tenía una opinión tan firme acerca del movimiento del tiempo? ¿Es que acaso había estudiado los anales de Israel? ¿Se acuerda de los libros que dijo Josefo que se encontraban guardados en el templo? Si Ezequías los había leído, entonces sabía que durante el tiempo de Josué, Israel había ganado tiempo. Recordando ese episodio, era natural que pensara que lo que Dios había hecho por Josué al hacer avanzar el tiempo, era fácil, ya que en efecto dijo: “Fácil cosa es que la sombra decline diez grados; pero no que la sombra vuelva atrás diez grados”, en otras palabras: «Bueno, sé muy bien que Dios puede hacer que el tiempo avance, vamos a ver ahora si puede hacerlo retroceder». Y sin lugar a dudas, Dios demostró que sí podía.

El Señor es el Creador, la Luz, el factor constante en el universo. El tiempo para Él es flexible, dúctil y maleable, porque lo creó y se encarnó en medio de sus límites, por eso lo usa a su voluntad.


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